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El teletrabajo ya estaba inventado. Breve reflexión para nuevos fans.

El teletrabajo tiene origen en la Guerra Fría.

Los norteamericanos por un lado emitían unas señales vía radio, cable, morse y códigos que los espías de inteligencia de uno y otro bando ya conocían para despistar. Al otro lado del canal y vía satélite, intercambiaban las instrucciones a través de internet. Estaban haciendo teletrabajo. Claro. Tuvo que pasar mucho tiempo hasta  que a principios de los 90  los visionarios vaticinaran y activasen el multimillonario negocio que iba a suponer abrir línea a todos los públicos. A nosotros nos llegó en 1999 a nivel usuario particular. El resto, hasta hoy ya lo conocemos.


Lo veíamos en el cine norteamericano

Nos mostraban a informáticos de los años 80 chateando en basic y lenguajes informáticos de código para hackear al gobierno, o a una multinacional. Como dice Hardison en Leverage: Es la era del friky, tío. ¿Cuántas veces hemos visto a miembros de una oficina cerrar un negocio a través de una vídeoconferencia?

Es curioso, pero siempre ocurre igual.

Cuesta comprender por qué parece que el teletrabajo se está inventando ahora. Ha tenido que venir el coronavirus y acabar confinados para que nos demos cuenta. Me refiero en grandes números. Hace mucho tiempo que esa oportunidad YA existía. Cuando asistía en 2009 a usuarios de Optimus Póker y hacía entrevistas a los ganadores de un torneo, o les proporcionaba libros y material de interés sobre cash vía plataforma social media, correo electrónico o msn. En aquellos años ya estaba haciendo teletrabajo. Recuerdo cuando #Gerardx y #Rozyo nos pasaban bases de estudio de matemáticas y rangos de manos. De igual modo con los compis que han trabajado conmigo en mis blogs y hemos coeditado a través de intranet allá por 2002 y en adelante. Incluso recuerdo como anécdota simpática cuando con unos amigos casi conseguimos hackear un banco. Era a mediados del 2000. No lo conseguimos ni de lejos. De hecho, fue la excusa para echar unas risas y descubrir la revolución de messenger. Al menos intercambiábamos código y parches. Eso era, teletrabajo.

Indigna ver como vas adelantado y de repente alguien por estar desinformado descubre algo y lo ventila como si lo hubiera inventado ahora.


Puede esgrimirse el teletrabajo como la posibilidad más idónea dadas las circunstancias, pero que quede claro que a día de hoy no, se lo han inventado ahora. Tal vez algunos lo descubran y con eso muestren sus cartas respecto de lo poco actualizados que estaban. Ahora son quienes lo auspician como si fuera nuevo. Algo así como que alguien haya escuchado un chiste de hace cuarenta años y te lo cuente como nuevo. Te ríes pero en realidad dices: bocachanclas, que es más antiguo que tú. Y lo que es peor, ahí es cuando te cabreas porque los que lo promueven como algo nuevo andan faltos de información sobre su manejo. Quien lo tiene entrenado ha descubierto hace tiempo que el teletrabajo exige disciplina y dosificación. Lo que está claro y parece que los avances conducen a ello, es que el trabajo, o al menos la mayoría que hasta ahora en una concepción convencional consistían en asistir a un centro de trabajo y centrar la producción en un horario de 8 horas, fenecerá.

La forma de plantear la jornada laboral va mutando.

Hoy en día se abren nuevos frentes en que algunos descubrirán tarde que en la intensidad y el rendimiento está la idea, no tanto en el volumen de tiempo. Imagina

¿Para qué estar ocho horas o más en una oficina con un rendimiento neto de tres, si puedes producir lo mismo desde casa y tener ese tiempo para tí?

Es el concepto de calidad de vida. Algunos no lo pueden soportar y se pondrán como norte asfixiarte. Es lo que ocurre cuando se deposita la felicidad en el trabajo: que nunca se acaba.

Ventajas: No contaminas, todos ganamos en calidad de vida, el tiempo se extiende, puedes hacer cosas, minimizas riesgos. No es más profesional quien más horas hace trabajando, sino quien resuelve más y con mayor rapidez.

No es más profesional quien tiene diez carpetas amontonadas sobre una mesa y no levanta cabeza. Ni el que está delante de un ordenador mirando la pantalla sin cesar. Antes lo llamaban una persona concentrada, ahora es un primo que no se sabe organizar. Un montón de papel no demuestra nada, bueno, si: que no se está sacando el trabajo adelante.

Puedes ser profesional estar mirando una pared, planificando lo que harás y solucionando mentalmente un problema y estar en una reunión solemne y pensar en el fin de semana. Continuamos atrapados por las apariencias y los viejos clichés.  No es poca la gente que se muestra excesivamente simple en ese sentido e interpreta que no tener una pila de trastos encima de la mesa significa que no estás haciendo nada.

La sociedad aun no está preparada para esto.

Cuando eres eficiente, esa realidad arroja de cara una imagen espejo a la que reaccionan mal. Muchos trabajadores asisten a su puesto de trabajo con desidia. Las imágenes e ideas falsas que albergan respecto al concepto de trabajo los nublan. A eso le llaman estar empanado. A estar pensando con la mirada fija en un punto, mientras gestionas a velocidad de vértigo a nivel mental. En realidad es capacidad para integrar las tareas a partir de contenidos que ya tienes en mente, por lo que no necesitas ir a buscarlos. Pero como no eres de esos que se atoran frente a la pantalla o moviendo carpetas de acá para allá tratando de impresionar a sus jefes mientras en realidad piensan en el partido de fútbol del día o en ir de tardeo con las amigas, te reprenderán porque creen que no estás haciendo nada.  Me suele ocurrir estar en una reunión y me pregunten por qué no tengo papel y no apunto. Oiga usted, es que si lo apunto se me olvida. Prefiero mirar y escuchar atentamente al/la ponente. Con una reunión me basta.

Cuando una novedad no se templa se ataca sin rigor.

Lo que a la postre me preocupa es lo que está ocurriendo por parte de quienes ahora descubren el teletrabajo: No se dan cuenta de sus beneficios y lo van a estropear. Se lo van a cargar y te explico por qué:

1-Confundirán el concepto tener tiempo disponible para hacer un trabajo y de forma flexible por ser eficiente y eso representará un handicap para el trabajador. Cuanto más rinda, más trabajo le enviarán hasta reventarlo. Ni hay agradecimiento y hay que esperarlo. Ese es el punto de equilibrio.

No bonificar la productividad, convietiendo el tiempo sobrante en una avalancha de trabajo sucesivo es ir contra la grandeza del teletrabajo y es que quien es más eficiente, gana. Cuadros de ansiedad, depresión y bajas. Se asegurarán de que no te despegues del ordenador, el teléfono ni la tablet. Nuevo concepto de baja: en casa igual, pero sin tocar el ordenador. ¿Cómo lo harán? ¿Vendrá un inspector de trabajo a quitarte el cable, te cortarán la conexión?¿Quien determinará los límites prácticos del derecho a las telecomuncaciones?¿Instalaran un troyano oficial en tu PC? Tiempo a ltiempo. Serás un ciberesclavo de los dispositivos. Te olvidarás de comer y acabarás peor que cuando pasabas horas ingentes en la oficina.

Te van a destrozar dentro de tu propia casa. No saben calibrar.

Si puedes resolver un trabajo de ocho horas en dos o tres, pues mejor para tí ¿No? Es un mérito. Podrás tener más tiempo para tus cosas y eso claramente motiva. Luego decides si ese día haces más en función de tus cuentas. No es lo mismo un estudio en la playa que una mansión. Que cada cual pueda decidir cómo administrar el excedente. Cuando el sobrante se convierte en la imposición de más trabajo porque sí, es teletrabajo, pero se han cargado el alma de la cuestión. ¿Estará dispuesta la empresa privada a adoptar la tradicional alma funcionarial? Porque si no lo miden bien el tema irá hacia eso. Ya os lo digo.

¿Que incentivo tienes ahora?

No hay ventaja. Luego inhibirás la producción para que no te manden más. Y vamos a lo de siempre, que el sistema de pocas miras se ataca a sí mismo. Si haces ese trabajo en la mitad de tiempo y bien, pues oye, doble rentabilidad porque en el mismo tiempo haces otra y vuelves a doblar. ¡Genial! Ahora bien, cuando viene alguien y te dice: te voy a machacar, no levantarás cabeza y hagas lo que hagas cobrarás lo mismo, ahí, como dice un buen amigo argentino, pisamos el palito. La cagamos a lo gran campeón. Aun que de sobra es sabido que:

Quien no se inventa algo, llámalo por recelo, es el que lo estropea. Y si no que se lo pregunten a Tesla. Los libros de texto aun siguen ensalzando a Edison y los niños crecen con una idea errónea.

Puede ser una explotación laboral mucho peor que la otra

Si trabajas por cuenta ajena, como te toque un perro de empresa de esos que contratan para que no te deje a sol ni sombra, o tu jefe sea de esos que no duermen, entre whatssap, videoconferencia y teclear te puedes morir.

Tal vez sea lo que quieren.

Siempre está el perverso y despótico comentario cuando te quejes con razón de: nadie quiere ir a la guerra, o la cola del paro es larga. Un nuevo modo de esclavitud está naciendo, amigos/as. Espero que lo sepan parar a tiempo. Me cuesta ser optimista en estos instantes y mira que es sábado. No es lo mismo imponerte tú mismo/a un ritmo fuerte y administrar los descansos, que el hecho de que te lo impongan desde fuera. Los emprendedores estamos acostumbrados. Yo me considero semi-emprendedor, ya que por las tardes y en vacaciones continúo con mis historias. Las vacaciones pueden acabar siendo un fenómeno histórico. El Estado y las empresas despóticas siempre atacarán dos ángulos potentes de los que muchos trabajadores no escapan: la familia, si es numerosa, mejor y la hipoteca. Fenomenal si van juntas.

2-Es un corolario del anterior: la explotación laboral se trasladará a casa por la masa de trabajos a realizar a ver cuántos serán útiles en verdad. El caso es que este confinamiento podría ser un ensayo para ver hasta qué punto nos vamos predisponiendo para asimilar una realidad que, me apuesto cinco a uno, se gestionará mal, como le pasa al que queda pasmado por algo y de repente se colapsa, se emociona e irradia excesos por los cuatro costados.

En el lado que el teletrabajo no se desvirtúe, es un concepto precioso porque supone una ganancia global. Alguien lo estropeará.

En algunas profesiones como la Educación Primaria es más complejo, porque precisamente la oportunidad social lo es todo: la interacción y el desarrollo de todos los valores vivenciales que requiere vivir en una sociedad civilizada. Aunque no descarto que no lo acaben de entender y terminen por ir cargando una segunda jornada laboral tras salir de los centros, encerraditos en casa. con las tutorías individualizadas. Ahora es por el confinamiento, luego ya veremos. Lo bueno de estas ideas es que quedan por escrito. ¿Qué tal poder elegir una de las dos? O alternarlas…Son ideas, luego si algún listo se apunta el tanto como nuevo, enlazaré este post.

No se preocupen, estaremos entrenados.

Incluso en la Enseñanza secundaria es importante asistir a los institutos. En la universidad, claro está, los estudiantes ya dispondrán de una autonomía y disciplina para gestionar su estudio e incluso es muy probable que las nuevas facultades se dediquen exclusivamente a tutorías. Una vez más ¡Ding-Dong!: también está inventado: Se llama UNED y ya curraba el concepto a finales de los noventa. Si no participabas en el la plataforma aunque fuera para contar chorradas y que vieran lo mucho que sabías, no obtenías la misma nota aunque te mataras a estudiar. Lo de ser pelota parece continuar funcionando. A mi se me da fatal, lo confieso.

El teletrabajo, por definición, es la forma de trabajar desde casa u otros entornos dispersos por motivo de funcionalidad y/o emergencia.

Sus facultades son básicamente la agilidad, la flexibilidad, la maduración del trabajador en las actividades a realizar por plazos, el ahorro en transportes, y la posibilidad de interactuar e intercambiar contenidos y tareas con personas de todo el mundo a tiempo real, ya sea de forma secuencial o simultánea. Añadimos el aspecto de la ventaja del rendimiento. Quien termina una tarea de forma eficiente y gana tiempo vital encuentra en este sistema una recompensa.

Suena apasionante, ¿verdad?

La cuestión es:

¿Lo entenderán ellos?

Lamento informar que estas formas de trabajar ya sea a modo semipresencial o de forma descentralizada desde casa y otra oficina, también la inventaron los norteamericanos tras el farol de América Online (AOL) y Prodigios que era la tapadera inicial para no cantar en el asalto a Yahoo y Altavista. Ahora lo conocemos como:

¡Google!

Siempre recordaré aquella encomiable frase que encuentras en algunos bares de  barriada. junto al San Pancracio, el décimo del día y la baldosita de: No se fía. No puedo más que esbozar una sonrisa cuando me viene esa  imagen:

Hoy es un día estupendo, verás como viene uno y lo jode.

Muchas gracias estimados/as lectores/as.

Pd: Agradezco a Marga su complemento vital de apoyo en este tema.

Tony.

Fundador.

#demomentomequedoencasa

#nosestánacostumbrando.

#esclavitudvirtual

Comprender la naturaleza del teletrabajo va a costar a quien lo esté descubriendo ahora, aunque mejor que tarde. (Fuente imagen: reasonwhy.es)

 

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