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Teletrabajo (II): describamos claro y en plata lo que no es ni debería ser.

 

 

¡El teletrabajo es genial!

Representa la exclusiva oportunidad de realizar ciertas tareas, o toda tu actividad desde el despacho de tu casa, un chiringuito en la playa o en la piscina, en la montaña o en tu café preferido. Hoy tenemos todas las de aborrecerlo porque el confinamiento al que las circunstancias nos obligan convierten este versátil y magnífico invento en una puñetera obligación. En pocas palabras: imagina que en tu oficina hay gente que te cae de mal a lo siguiente, o tu salud está en armonía si no la ves. Pues bien. Para con el objetivo de optimizar tiempo y contaminar menos (ahorrar costes), la empresa decide implantar el teletrabajo como medida novedosa. ¡Una promesa! Pero mira por dónde, cuando has visto el cielo, resulta que ouch! tienes que ver a esos mendas por vídeoconferencia. ¡Nos han jodido! Y como es nuevo, hasta que ese efecto novedad del juguete pase y llegue la resaca, desearás volver a trabajar en la oficina. Siempre con todo el sentido del humor, en verdad es algo que recuerdas cuando la reunión ha terminado y le das a off.

Vamos a describir lo que el teletrabajo no debería ser:

1-Teletrabajo no es el derecho a una invasión de la franja de horario personal.

2-Encargar teletrabajo sin cesar y saturar al teletrabajador bajo la consigna de la aparente sencillez de crear una lista de tareas.

La mala gestión a la hora de no crear una lista de tareas bien equilibrada y poco realista revierte efectos negativos sobre el teletrabajador. Afecta al rendimiento. La lógica  reacción del teletrabajador será la de ir bajando la calidad de los trabajos ante el exceso: Asfíxia, burnout, etc. El teletrabajador más eficiente puede acabar fundido si no se diseña un buen sistema de incentivos por resultados. Eso hay quien no lo entiende.

3-Desventaja remuneratoria. La paradoja del trabajador eficiente.  El teletrabajo puede dar pie a empresas de naturaleza expoliadora, o sin experiencia, a confundir los términos. Esta realidad, cuando las empresas no valoran justamente a sus activos, confiere un ventajismo por parte del contratante que convierte a esta metodología mal conducida en un sistema encantado de conocerse a sí mismo, pero que se auto-ataca obteniendo una relación de inversamente proporcional en cuanto a los resultados.  La metáfora del pez que se come la cola.

Dicho de otro modo: la recompensa a realizar bien un trabajo de 8 horas en 4 no debería ser presionar las 4 restantes. Tiene que haber una rentabilidad económica y emocional porque si no, se produce una situación injusta en cuanto a la remuneración:

-Imaginemos que Pedro realiza una página web estimada en un presupuesto de 2.000 euros en dos días y el contrato estimaba un período de 5 días a 8 horas/día de trabajo para su realización. Esa es la media del trabajador de nivel estándar en su sector (Dato ficticio). Nuestro amigo es un hacha programando y liquida la página a full, sin fallos en tres días y exactamente 20 horas. Es decir, lo borda a 100 euros la hora. Todo funcional e incluso con extras como firma personal.  El caso es que la empresa receptora ha conseguido la página en menos de la mitad del tiempo estipulado. La tendencia del tiburón es, por definición, juzgar el trabajo de Pedro porque estima que ha corrido demasiado. Lo que le repatea a la empresa contratante es la competencia y la rentabilidad de Pedro. que ha reducido el margen de tiempo. Recuerdo que la página ha salido niquelada. En teoría la firma sólo de preocuparse de dos cuestiones: la página se ha realizado y funciona muy bien incluso con valor añadido y se ha respetado el margen de tiempo pactado. A pagar, no hay más.

En ese momento la empresa se cruza porque no piensa en el precio fijado y en el hecho de que tiene ante sí la página deseada y mejor. Se centra en que Pedro ha obtenido el 200% de rentabilidad en su rendimiento €/hora trabajada. La reacción lógica debería ser recompensar su velocidad y buen hacer dándole tiempo libre., o regalando un vale para spa. Tranquilo Pedro que el personal, al menos la mayoría funciona de otra manera…

En realidad, nuestro amigo Pedro, debería poder decidir si esos dos días restantes hace una escapadita a Ibiza o si doble la rentabilidad aceptando otro trabajo.

La empresa expoliadora hará lo siguiente:

1-La siguiente página que le encargue la ajustará a un plazo máximo de 20 horas. Así funcionan algunas compañias de seguros y la banca. Al principio el trabajador motivado conseguirá una buena cartera de clientes. Al año siguiente le van a pedir que doble ese objetivo y si no, será despedido. Además la empresa se queda la cartera de clientes. Y de ahí que los trabajadores de banca y seguros con escrúpulos acaben destrozados emocionalmente: puede que tengan hijos y una hipoteca. Si no vende productos y fondos basura, creéditos usurarios y seguros con cláusulas perversas a jóvenes incautos y abuelos que ponen todos sus ahorros para acabar viviendo debajo de un puente cuando el fondo se estrella

2-Le forzará a aceptar un precio máximo de 1.000 euros y una penalización por hora excedida en la entrega. En la lista de prestaciones de la página le exigirán lo de antes + los extras que por generosidad prestó.

Al final Pedro, teletrabajador para una multinacional que le explota y no agradece nada, acabará de freelance. Podrá ajustar los precios según el cliente, recibirá y ofrecerá un trato humano y exquisito. Luego esas firmas se duelen de que el valor tiende a volar. Al menos Pedro disfruta de su trabajo. Vuelve a compensarle ser excelente y tendrá claro que quien quiera valor y rapidez, paganini o toque a otra puerta. Nos tratan como permitimos que lo hagan. Nosotros ponemos el rasero de permisibilidad. Si no defendemos nuestros intereses, no tenemos derecho a quejarnos.

4-El teletrabajo no debe representar el riesgo de perder la salud. No te dejes absorber por el ordenador. Las tareas encargadas o autoimpuestas encadenadas de forma obsesiva queman porque  no dejan tiempo ni para ir al servicio. Las horas delante de un ordenador corren como una exhalación. Por no decir los días y las semanas. La calle también existe. Hablaremos de ello en la tercera donde haré una exposición detallada de la parte positiva del teletrabajo. Dieta, deporte, higiene postural, vida social, descanso. ¡Fundamental! No puedes perder su referencia. Ni un día. Si no puedes hacer 200 abdominales ni 100 flexiones, comprométete aunque sea a la mitad, pero muévete que el cuerpo si no le das marcha se convierte rápidamente en un vaguete. La imagen también es importante cuando se trata de aparecer en pantalla. La presencia.

5-La gracia del teletrabajo es cumplir lo acordado en el horario estipulado y si se puede, en menos, siempre que el valor se pague. El agradecimiento es bonito pero no paga facturas a final de mes. Cuando se trata de horario presencial fijo nos ceñimos a él. Lo mismo si es una disponibilidad pactada online. Si el horario es mixto o se complementa parte presencial, parte en casa, hay que tener claras las horas que el contrato exige de dedicación en casa.

Por ejemplo. Hay que conocer los términos establecidos respecto de tu horario de jornada laboral en base a tu contrato. Más allá de ese tiempo, cada cual decide ya de forma extracontractual si es suficiente o si quiere más y cuando lo hace. Es lo que conocemos como vocación, que es un don excepcional. No se puede convertir en una obligación. Porque se pierde la magia. Es cuando empezamos como nunca y acabamos como siempre. No conocer a fondo la naturaleza del teletrabajo, su gestión y su disciplina acaba por joderlo. Es decir,

una vez rebasado el horario de trabajo es cuando empieza la vida.

Hay jefes invasivos y jefes respetuosos buenos. Personalmente he tenido más de los segundos. No me puedo quejar porque si por un lado he recibido una comunicación nunca ha sido para exigir una inmediatez, sino para informar. En lo que a mí respecta ha habido una reciprocidad. Si ha surgido una emergencia y he tenido que enviar un mensaje para solicitar un permiso médico o una gestión urgente, esas personas han respondido aunque fuese un domingo o fuera de horario laboral. Hay que ser honestos y justos.

Si una serie de días a la semana quieres investigar porque se te ocurre un modelo de sesión interesante para los alumnos lo haces motivado/a. Te hace ilusión. Porque es vocacional. Si un fin de semana te encabezonas con Excel porque has descubierto un sistema sintético para cuadrar la contabilidad, o resolver un problema, lo haces porque quieres. No esperes un reconocimiento. Cuando lo convierten en una obligación…en fin, un quilombo 🙁

Muy importante: piensa en el caso de Pedro y recuerda que cuando hagas un extra que sea porque así lo has decidido, no porque esperes un reconocimiento. Lo más probable es que tu generosidad acabe siendo vinculante y lo que hiciste por gusto se convierta en una mortificación. Otra paradoja, las tenemos para no acabar: Normalmente el sistema y en función de una curva de Gauss, tiende a recompensar a los pelotas y a los mediocres. Los creativos deben andarse con cuidado. Les copian el trabajo y el resto se suma el tanto. Por tanto ciñe el teletrabajo a lo justo y necesario y si asumes riesgos, piensa que todo lo que se te va de mano en cuanto a una aportación extra y se expone demasiado, escapa a tu control. Siempre hay alguien esperando para marcarse el tanto. Decía Séneca que:

La corrupción no es cosa de los tiempos sino de los hombres.

Quienes estamos ya más experimentados/as en el teletrabajo tenemos automatizados esos procesos, nos asignamos un tiempo en función de la naturaleza de la tarea, establecemos un guión para las tareas y estructuramos el día para que el teletrabajo, salvo cuando el alma lo pida, nos deje ver la luz del día.

Me viene al recuerdo una frase de Groucho Marx que viene muy al caso:

Estar en un barco es como estar en una cárcel, solo que con la posibilidad de ahogarse.

Muchas gracias.

Tony.

PD. Mañana vamos qué es propiamente el teletrabajo y cómo gestionarlo. Dedicado a doomies.

 

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