Reflexiones 2.0

Vocación: un concepto confuso que hay que aclarar.

Muchas personas hablan de vocación pero no acaban de tener claro lo que significa.

A lo largo de nuestra carrera podemos encontrar compañeros/as que nos enseñan muchas cosas y nos inspiran. Personas que viven una profesión u oficio y lo hacen de tal modo que sientan un precedente de peso en lo que será tu paradigma de actuación. Son profesionales, oficiales y/o artesanos con vocación. Unos modelos, los vocacionales, son confirmatorios y te orientan en sentido positivo. Otros, aquellas personas que ponen por delante de la pasión trascendente el mero quedar bien y el reconocimiento a toda costa, ofrecen o bien un anti-paradigma, o la idea de que confunden vocación con trabajar mucho.  Unos lo hacen sin pies ni cabeza. Sencillamente por el vacío. Es la necesidad de autoconvencerse de ello asociando la realidad de ese fenómeno a la idea de que así es por el mero hecho de su repetición. O sencillamente de creerlo tratando de crear una imagen postiza que en realidad denuncia esa insatisfacción personal y profesional.

Luego están aquellos/as que trabajan mucho para hacer la pelota y gustar, no tanto por inspiración real.

Cuántos médicos, abogados, jueces, profesores, igual en el ámbito de las artes y oficios podemos conocer que por el hecho de provenir de la dedicación generacional, sin embargo ves que no disfrutan esa labor. Por más cualificados que estén oficialmente. Van a la ley del mínimo esfuerzo. No luchan por intereses que supongan una mayor entrega en su carrera. Pugnan a brazo partido por reivindicar todo cuanto derecho justifique el descanso y la inactuación.

La vocación, como podremos apreciar a lo largo de este discurso, es algo muy distinto.

¿Qué os parece si vamos a por lo que no es el concepto y a partir de ahí obtenemos una visual que, a modo de conclusión, aclare el marco?

Vocación no es vivir para decir todo lo que haces. Aunque lo hagas y bien. El verdadero vocacional pone por delante la finalidad al propagandismo. Un buen profesional no se vende. Lo hacen sus trabajos y su actitud.

-Vocación no significa trabajar mucho. Ahí vienen los matices más importantes.

1-No significa hacer muchas horas.

La eficiencia y la eficacia no riñen con el hecho de ser vocacional. Ello nos sumerge en el terreno específico de la propia naturaleza de la tarea «extra» que de un carácter tan genérico ha llevado implícita de forma errónea la concepción de vocación. Del mismo modo, un cargo vocacional tiene claro qué decisiones adoptar para realizar su visión.

2-La idea que en el plano operativo define la vocación no es tanto el cuanto, sino el a qué y el cómo.

El a qué como presupuesto de enfoque y el cómo, en el sentido procedimental que coadyuve al proceso de realización de esa visión preconcebida. Una proyección que a la postre es innovadora por su naturaleza (a qué, enfoque) o por el modo, cómo. Hay dos realidades fenomenales y ambas convierten unas unidades de tiempo invertido en una tarea creativa y nunca mecánica.

3-Si no hay un disfrute, un gozo o cogito interno, no es vocación.

Como hemos señalado inicialmente la vocación es autocomplaciente en el ámbito personal. No se basa en el hecho de venderse. Se caracteriza por cómo cambia las personas el impacto de esa utilidad, o de ese nuevo modo de lograr algo de forma sencilla y que antes era más complejo. El/la vocacional rompe con el factor obstativo que impedía un proceso o resultado que se creía imposible, o muy difícil de imaginar. Devuelve/alarga la vida útil de una maquinaria que se creía perdida. Devuelve vida y emoción al ser humano a través del intenso campo del I+D+E.

4-. No se explica necesariamente desde una acumulación de títulos oficiales ni de un currículum impresionante.

Bien al contrario, parte de la identidad de un sujeto cuya inteligencia es por lo común divergente y que raramente hallará inspiración en la asunción sistematizada de conocimientos estáticos, o poco dinámicos. Es aquella persona con la que quisieras compartir la isla si naufragaras porque la supervivencia estaría garantizada.

Dani, un buen amigo, es un fontanero de primer nivel que con cualquier elemento te resuelve un problema, es capaz de reproducir una pieza soldando componentes básicos. A ratos libres monta bicicletas a la carta y repara aparatos electrónicos que cualquier usuario y técnico de pieza rota-pieza cambiada tiraría al depósito de residuos. Con cuatro vídeos en la red no tan sólo capta el proceso, sino que lo mejora.

¡Y lo ves feliz!

A menudo he compartido empresa con compañeros con una lista interminable lista de títulos oficiales que más quisiera tener la capacidad y la felicidad creativa de Dani. Este señor es capaz de reparar, montar y hacer funcionar cualquier elemento por complicado que sea. No hace mucho montó una bicicleta a su nieta en una tarde desde un cuadro que halló en la calle. Ahora esa niña es feliz con su bicicleta del ratón Mickey.

Los buenos artesanos tienen suficiente con imaginar feliz al destinatario del producto. Eso es vocación.

Sin ir más lejos, como podréis ver en la foto que jalona este post como homenaje al espíritu inconformista, encontró en una caja en el trastero familiar la cámara Súper-8 que contenía el report de boda de sus padres de hace 45 años. La motivación de emocionarse y compartir con su madre y sus hermanos ese momento le llevó a concentrarse al máximo nivel y en una tarde ese reportaje ya se puede ver. En cierto modo, rehabilitar esa máquina, devolverle vida, si me permitiis el término, era para Dani recuperar una parte de su padre. Una labor de la que Don Manuel a buen seguro habría estado orgulloso.

5-La vocación no es incondicionalmente eterna ni continua.

De hecho, como la energía, ni se crea ni se destruye, únicamente se transforma. Puedes desarrollar niveles variables de vocación a lo largo de tu carrera porque ese hecho puede venir en parte determinado por las facilidades que ofrezca el entorno de trabajo a la motivación para desarrollar al máximo. En algunos ámbitos ser creativo no es tan importante como vivir afincado a la sombra de las direcciones de una empresa. Por tanto, en esos entornos, mantener la vocación a salvo pasa por ser lo más hermético posible y así defenderte de copiones y malvados. Digamos que la experiencia local estimula en mayor o menor medida en función de la satisfacción personal que experimentas.

La vocación no son las horas extra que dedicas a aquello que podrías hacer en menos tiempo si ese algo no tiene un componente pasional ni creativo.

No vale el: «Estuve corrigiendo hasta la una de la mañana». y si el: «Anoche estuve pensando en el modo de organizar el almacén para evitar desgaste físico a nuestros trabajadores y ganar en productividad minimizando riesgos».

Tampoco vale el «Estuve pasando documentos y actas a limpio toda la tarde» y sí el «Mientras estaba pasando documentos de pronto vi un nuevo procedimiento posible que lo simplifica todo. Y dediqué toda la tarde a desarrollarlo«.

La vocación en entornos hostiles puede ser congelada para ser invocada con posterioridad.

Desarrollarla en el lugar y el tiempo equivocado es peor que saber dejarla ahí como ese extra que sabes que más adelante vas a poder recoger y continuar disfrutando en beneficio de quienes lo merezcan.

La vocación se desarrolla en momentos de reivindicación o de gracia. Es bipolar. Si el creativo tiene un carácter reactivo, desatará su mayor potencial en las peores condiciones posibles y si su carácter es apaciguado hallará en los períodos de estabilidad el momento abonado para dar lo mejor de sí. En el caso del carácter reactivo, el producto final siempre deberá ser revisado bajo criterios de calidad más estrictos, pues como ya se sabe, la explosión emocional creativa es intensa, pero deja flecos. No así en los casos en que las emociones del ser vocacional son más estables, luego se hace todo de un modo más pausado.

La mayoría de nosotros podemos acceder a ella, la cuestión esencial viene ligada a la necesidad de conocer cuál es tu punto creativo. Qué te apasiona hacer y disfrutar de esa intensidad, así como del placer que reporta en el proceso, en la consciencia y conciencia de hacer un bien que te trasciende. Hacer mucho de algo de forma mecanizada no vale y si no emociona, tampoco sirve. Si lo hacemos con motivación extrínseca buscando el gustar por encima de la utilidad…pues tampoco.

La vocación ya puede definirse ahora en términos propios. Es hora de romper con el concepto genérico.

Por tanto ya tenemos un marco positivo para definir propiamente la vocación como fenómeno exclusivo y a la vez tan al alcance de todos:

Es el resultado de hallar la verdadera pasión de la persona en algo, idearlo, dirigirlo, crearlo, probar su eficacia y poner por delante del orgullo personal la satisfacción tangible de que ese ingenio, idea o proceso hace la vida más fácil y/o más placentera y/o segura a determinadas personas o sectores de la sociedad, o a ella en su conjunto.

La vocación es una energía que actúa desde un origen dual cuya presencia depende de la personalidad del creativo/a y está condicionada por el impacto de las circunstancias que vive el sujeto. Por su presencia tiene un carácter biográfico teniendo así un cariz estable o intermitente. Es como el espíritu que concede vida a un elemento inexistente. Entendamos así a la generación espontánea del interés sobre un centro concreto y como esa energía aplicada con pasión e inteligencia es capaz de transformar en el sentido de enriquecimiento la realidad de las personas.

La vocación puede residir en aspectos, realidades, competencias y disciplinas diferentes de la oficial.

También se pueden tener varias vocaciones.

La vocación puede recibir el aplauso pero no lo espera. Puede ser anónima. Si el producto del trabajo no cumple esa función de motivación intrínseca, trascendencia y capacidad de transformación de lo inerte en actuante o funcional hablamos de otras cosas, no propiamente de vocación.

La vocación siempre es trascendente y transformadora. Nunca es meramente activista ni obedece a actitudes de buenismo ni quedabienes. El esfuerzo, la intensidad de la inspiración que requiere y el espíritu que la moviliza son valores bastante superiores y profundos como para confundir de buenas a primeras inversión en tiempo de una actividad mecánica, de la que es su propia esencia, una actividad fundamentada en un espíritu exclusivo, potente y muy personal.

De la misma manera que es extraño que el artista legítimo se regodee en su condición, lo mismo ocurre con el/la profesional vocacional. La meta ultrapasa la búsqueda del reconocimiento.

Si tuviésemos que crear un conglomerado de conceptos que integran la vocación, sin duda la pasión, la visión, el sacrificio, la generosidad y la perseverancia adquieren el mayor fundamento de autenticidad.

 

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