7 ideas clave para recuperar las bases de una ciudadanía coherente.

Hay una serie de percepciones erróneas que nos han conducido a vivir el país que tenemos y cómo lo tenemos. De ahí la propuesta de 7 ideas clave para recuperar las bases de una ciudadanía coherente.

¿Cuáles han sido los puntos débiles de nuestra nación?

Explicar lo que está ocurriendo y romper a largo plazo con el oscuro futuro que nos aguarda a este paso, transita por la consciencia y la concienciación respecto de la idea que tenemos de un país con opciones de prosperar.

El panorama es complejo.

Si Marx estuviera vivo, como lo está su memoria, diría que el opio del pueblo a día de hoy son el fútbol y deportes punteros, cadenas de alto share dedicadas a realityes, las cadenas de pago por visión de series y el tiempo que pasamos soñando despiertos. Si capitalizamos, desde el análisis de los shares, las horas dedicadas a la pasividad ante la pantalla, y redirigiéramos la intención hacia el producto de un uso transformativo de ese tiempo y energías, nuestro país sería puntero a nivel mundial.

Y las instancias de la industria del ocio, el entretenimiento y el consumo, junto con la política, tendrían que reinventar un nuevo planteamiento para cambiar el tenor de la presencia mediática forzosa que por desgracia, con motivo del COVID-19, están teniendo.

Nos vemos obligados a soportar día a día la carga pesada de pensar como combatir la desazón que ocasiona el parón económico, la angustia de andar todo el día echando cuentas y el sobreesfuerzo añadido de discernir qué es información fiable, que es una fake new, qué sobra, junto con el desgastador trabajo de tratar de no enfadarnos.

Si la exposición excesiva a estos recursos de entretenimiento pasivo no nos hace reaccionar, y consolida el estatismo, inhibiendo cualquier actitud hacia la acción que nos pone en el escenario como un agente activo, estamos ante un problema de dimensión social.

Ha llegado el momento en que los propios deportistas de élite se han convertido en héroes.

Se estimulan para ganar porque con ello son conscientes de que con su esfuerzo y sacrificio, liberan y animan a personas que nunca lo serán. Se convierten, de hecho, en el receptáculo del espíritu y la confianza de un pueblo que ha perdido la fe y necesita un salvador que le alegre el día. Cuando estos emisores de energía al semi-dios se cifran por millones, la frontera entre la admiración al deportista noble y la idolatría se dibuja en una línea muy fina. Y en tal estado de falta de confianza en las propias posibilidades la evolución como sociedad, desde la consideración de la escasa proporción de los agentes que no necesitan esos héroes para seguir a su paso, se perfila como un objetivo cada vez más complejo.

La desproporción entre el tiempo de sueño real y el tiempo que se sueña despierto en una sociedad que se basa en el ocio y el consumo para hallar el sentido de la vida es descomunal.

Pocos son los que están despiertos y orientados al logro. Y eso crea recelo porque la voluntad, como todo músculo, incrementa volumen y tono si se trabaja, pero por contra, se atrofia con facilidad si se hiper-relaja.

Está bien soñar despiertos. Es otro sistema de supervivencia. No obstante, que el tiempo dedicado a ello, no nos arrebate algo de oportunidad cada día de una porción de proceso consciente y concentrado para lograrlo.

Dicho de otro modo. La divagación es una forma de dilatar el deseo. A la velocidad que vivimos los deseos se conculcan unos por otros con suma facilidad. Tal vez el despertar pueda ser muy duro y resulte mejor remedio soñar despiertos hasta el final.

Una minoría crítica con las ideas muy claras sufre por el otro 80% que se deja llevar por las modas, los modelos de conducta impuestos por los medios y se cree las noticias que lee.

Ante tal situación, 7 ideas clave para recuperar las bases de una ciudadanía coherente es una propuesta clara y concisa, más que un descubrimiento, de los valores que nos asistirían a luchar con más consistencia frente al escenario que vivimos en que:

Todo es más relativo que nunca.

-Es difícil vencer a las carencias y ser conscientes de su magnitud si se huye de su consciencia. El único modo de vencer algo es sentirlo como un reto a la vez que una urgencia. La visión de una mejora plausible debería ser suficiente…No siempre lo es.

Se cree de forma errónea que todo es fácil  y accesible pero hacen falta coaches hasta para ir al retrete.

Todo vale. Pero no vale.

-El esfuerzo es algo que por una parte produce resultados y por otra cansa muy rápido.

Una sociedad que es alérgica al sufrimiento necesario para evolucionar. El conformismo y la frustración por oficio.

Una población que se muestra pasiva ante el consumo y toda actividad que requiera pensar en exceso.

Una parte de la sociedad cuya adhesión al deporte fundamenta la vigorexia para fomentar el máximo cansancio posible a fin de descansar y desconectar. Como dicen en Alemania cuando el deporte es excesivo: Sport ist mort. Es otro modo de evadirse cuando la conducta es desequilibrada y cuando el descanso se altera porque hay que alimentar retos extremos que comprometen la salud: excesos de cafeína, drogas y dopaje para mantener el nivel.

El sueño. Otra forma de neutralizar tiempo de sufrimiento. Como reza en el Quijote el siguiente fragmento:   el sueño es alivio de las miserias de los que las tienen despiertos

Un público que se deja imponer modelos y estilos de vida. Alimentan el soñar despiertos pero vacían las carteras, roban tiempo y la vida entera.

-Personas que se quejan de su situación pero no se comprometen a fondo con la mejora.

Jóvenes que no tienen la suerte de disponer de una base crítica para percibir, comprender y reaccionar ante los problemas y situaciones sociales, laborales y económicas que limitan su futuro.

La capacidad de agonismo que exige la constancia y la consciencia se ha convertido en un bien escaso. Un pueblo relajado y bien abastecido no necesita pensar en exceso.

Es la consigna que ha estado funcionando desde que el ocio como alternativa al gasto se ha impuesto.  Los bancos no refuerzan el hábito ahorrador. No lo necesitan. Se proveen de industrias y mercados  de alta rentabilidad en países emergentes cuya mano de obra se paga muy por debajo del estándar.

El ciudadano con una renta media o menor asimila que:

Llegada una cantidad de dinero que permita afrontar reveses, el resto es para vivir. Y vivir es algo que cuanto más mejora más gusta, más cuesta y al camino de vuelta, más frustra. La capacidad para templar los tiempos de esfuerzo y los tiempos de recompensa se han desequilibrado y los segundos pesan en exceso. A nivel global se explica porque todo lo que ocurre no es casual. Cuando vivir bien se hace a instancias del crédito bancario el castañazo, de persistir en ese mundo de ficción, está garantizado.

Mediante esas alienaciones de nuevo cuño, los recursos de evasión ayudan al Pueblo a no sufrir. Es más fácil aceptar que luchar. Es más factible a corto plazo huir que enfrentar.

Todo está muy estudiado. La vaguería generalizada y la falta de ambición, junto con la falsa idea del Estado de Bienestar se han socializado, porque así conviene. La rueda del consumo debe seguir su curso. La estructura familiar es el blanco perfecto. Trabajar más no es sinónimo de ganar más. Desde esta premisa todo es comprensible.

Nuestros jóvenes se enfrentan a un demasiado tarde cuando tengan que encarar mercados laborales selectivos. Algunos adultos se han relajado en exceso y ahora no tienen una fácil remontada.

Luego la mano de obra cualificada tendría que venir de países cuyo modelo social tal vez no sea más avanzado en su declaración de intenciones, pero sí en su aplicación efectiva.

¡Vamos a ello!

1-Hemos perdido la noción de que las cosas que merecen la pena se logran con esfuerzo. Nos cansamos rápido de los emprendimientos cuando los resultados tardan en llegar.

Así que en definitiva, lo que merece la pena es aquello por lo que habrá que luchar. Es difícil soltar en ese punto porque protegemos con fervor aquello que más obstáculos nos plantea. Un reto real tiene la capacidad de vencer a la frustración. Porque hay niveles de frustración que se superan cuando la meta u objetivo planteado es realista y está a nuestro alcance.

Lo que se interpone entre un esfuerzo y el logro y ofrece potentes niveles de frustración es la falsa idea de que todo es posible y la dificultad para comprenderlo.

Porque romper los sueños no es fácil y no todo el mundo lo tolera. Da igual. La tele, con los nominados de la semana y el fútbol nos salvan. Nunca falla.

Las redes sociales nos llegan a cansar con frases célebres y mensajes vacíos de autoayuda.

Lo cierto es que la falta de constancia y la dificultad para percibir si una meta está o no está a nuestro alcance es el tiempo que dedicamos a soñar despiertos y que desperdiciamos de progresar en base a trabajo real.

El deseo debe acompañarse para su consecución de una constante labor por nuestra parte.

2-Se ha seguido confiando en la gestión política cuando ésta está fallando.

¿Por qué consentimos lo que está sucediendo? ¿Y si no vamos a votar en las siguientes elecciones? Toleramos la mentira, la incompetencia y la corrupción de forma indolente. Lo que vivimos no es normal ni normativo, pero es lógico. No es necesario llegar a la violencia para lanzar un mensaje de inconformismo respecto de lo que está ocurriendo. Disponemos de herramientas democráticas para expresarnos.

3-Se está perdiendo la memoria cuando es el conocimiento de la historia una de las bases más sólidas en la garantía de evitar repetir determinados sucesos que nos han marcado para mal.

La historia es la memoria docta de acontecimientos que nos acompaña a lo largo de nuestra vida. Conocerla es descubrir que cambian los jugadores, no el juego. Para lo bueno y para lo malo, conocer el curso de la historia, los mejores pensadores y los sucesos más relevantes, es metafóricamente hablando, un faro a la vista que orienta el avance de una sociedad a partir de la evitación de lo mal hecho y el estímulo por potenciar los logros sociales.

Si consideráramos lo que ha costado forjar los derechos laborales que tantos años lucharon nuestros antepasados, nos daremos cuenta de cuán rápido hemos mancillado ese valioso legado.

Uno se pregunta cómo hemos llegado a los contratos basura, la vida laboral cíclica en que el hecho de un trabajo para toda la vida sea indicador de conformismo y al desprecio por el valor real de la mano de obra. Si quieres compromiso por parte de un trabajador, refuerza su rendimiento con algo más que un cargo de postín y un pago miserable.

4-Se ha permitido que se nos decodifique con demasiada facilidad. Es hora de convertirse en consumidores más inteligentes con una respuesta comercial menos previsible.

Hemos dado demasiadas pistas con nuestras pautas de consumo. Al responder a la oferta masiva ha sido muy fácil establecer categorías de conducta y manipular los valores que nos mueven afinando la técnica. A tal punto ya resulta difícil discernir si una compra la hemos decidido realmente nosotros. Sólo hay un modo de saberlo: Conocer el funcionamiento de las estrategias mercadotécnicas más agresivas, mantener una actitud crítica frente a ellas, estudiar mucho, constantemente y fundamentalmente:

Tener muy claro qué es prioritario en nuestro estilo de vida y qué regalos podemos hacernos de forma excepcional y muy calculada.

Estamos estacionados.

Nos tienen demasiado capturados en un presente tan ocioso e intenso que hace difícil dar pasos sólidos y ciertos hasta el futuro. Aislarnos del ruido debería ser el primer reto para concentrarnos hacia el logro. Cuando se consigue sientes que estás pletórico/a porque sabes y sientes que así vas a llegar.

5-Los currículums educativos son cada vez más indulgentes. Es urgente recuperar la solidez.

No se puede contemplar la diferencia como una realidad o una actitud insolidaria porque son las actitudes diferentes las que a menudo sientan cátedra en los grandes avances sociales y científicos.

Si hace veinte años nos hubieran dicho que es posible que un alumno llegue al instituto sin conocer las tablas de multiplicar, las bases de una función, algo de estadística, leer y escribir con un mínimo de competencia nos habríamos llevado las manos a la cabeza. Ahora es habitual porque los currículums buscan la instrumentalización del alumno, no la capacidad crítica, la profundidad del pensamiento, las competencias sociales y la educación financiera. En esta apelación a la sensatez entra de lleno el punto 3 de estas 7 ideas clave para recuperar las bases de una ciudadanía coherente.

Un alumno obtiene un sobresaliente y otro un tres porque uno estudia y trabaja duro y el otro tal vez no lo suficiente.

¿Es la universidad el punto de ruptura? ¿Es la preocupación por la matriculación masiva una prioridad o lo es la visión de un futuro profesional sólido? Si impera la primera consigna, que Dios nos coja confesados. Obviar la meritocracia es ofrecer una visión irreal. Trabajar más o menos es una cuestión de actitud y de capacidad, qué duda cabe, no obstante, a cada cual lo suyo. Los sistemas social-comunistas no funcionan porque no hay incentivo en los techos bajos para aquellos cuyos esfuerzos por evolucionar los límites del conocimiento redundan mejoras en el seno de una sociedad. Lo que vivimos es una muestra de ello. En el delegacionismo no debe entrar bajo ningún concepto dejar que otros piensen por nosotros.

A bote pronto me asalta al recuerdo el título de la película protagonizada por Rod Steiger: Más dura será la caída.

La integración de un alumnado al que anteriormente se habría destinado a un centro específico es terreno ganado.

Se ha ganado en las medidas de Atención a la Diversidad, escuela inclusiva y en los programas compensatorios. Sin embargo quedan pendientes una serie de consignas en materia de ciudadanía que deben asentarse a modo de bases a la mayor urgencia cuando la capacidad del alumno le habilite para su asimilación. En la medida en que sean comprensibles, las esencias democráticas y las normas de convivencia deben inculcarse del modo que sea posible: pictogramas, ejemplos, parábolas, etc.

Hay que trabajar duro a nivel de presupuestos para que los casos de alumnado con NEE dispongan de un aula ASCE en su centro escolar con la dotación de profesionales especializados necesaria para atender esa demanda.

Existió una asignatura denominada «Educación para la Ciudadanía» Un servidor estableció el modo de hacerla funcionar en 2002 en mi obra «La República Cultural».

Como siempre y desde instancias políticas se interpretó mal, se planteó peor y la única esperanza de asentar bases de ciudadanía y respeto en los centros escolares se diluyó.

Ahora queda en manos de los docentes que no nos conformamos con los mínimos, garantizar esos contenidos de ética, fomento de la convivencia, la igualdad, la equidad, la nobleza del esfuerzo por un futuro mejor, la empatía y el respeto.

Todos somos iguales, es cierto, como personas. Porque así lo establece la constitución.

Sin embargo, en el plano de los hechos, la consideración del esfuerzo y los apoyos a la persona inquieta aportan un beneficio potencial a esa sociedad y sin embargo, sigue considerándose disidente al que da un paso más. Ser diferente se continúa considerando algo incómodo e insolidario porque arroja sobre la masa conformista que se rige por la ley del mínimo esfuerzo una imagen desagradable a modo de espejo. La vocación se asimila a la ingenuidad y a la obsesión por el trabajo. Es cómodo y consuela a quien quiere hasta que un día imagino que acaba cansando mirar a otro lado. Sentirla y disfrutarla es patentar la diferencia.

El éxito es impopular. Se margina y se ridiculiza al alumno que se esfuerza porque es más cómodo seguir el patrón. Se premia al gracioso y se aísla al que se esfuerza.

Por lo general, esa conducta se transfiere a vida profesional. En el ámbito de los niños se llama Bullying y en el caso de los adultos en el ámbito de sus profesiones. Mobbing.

No es más que la evolución de la misma distorsión por parte de quienes penalizan la inquietud de otros. Sobrevivir es adoptar el síndrome de Estocolmo, vencerlo es mirar de frente, encarar y ejercer las estrategias necesarias que digan a los agresores: sólo se golpea un bordillo una vez y: sé reírme de mí mismo/a. Son lo que llamo estrategias de desarticulación. El sufrimiento por parte de la víctima del acoso nutre a quienes acechan desde el descrédito al trabajo y lo personal. Mostrarse indiferente ante esas molestas conductas tiende a extinguirlas.

El corporativismo basado en el sectarismo nunca puede exigir de forma legítima la adscripción forzosa, contra el aislamiento y la humillación como penalización por la negación.

Quienes enarbolan la empatía a nivel teórico pueden estar descuidando los efectos devastadores para muchos de esas conductas asociativas distorsionadas cuyo objetivo es penalizar a quien trabaja en serio y pasa de cotilleos e indiscreciones.

Como siempre habrá víctimas que necesitan ayuda, personas reactivas que dicen basta y quienes aplican el donde las dan las toman.

La indiferencia, el vacío y la crítica son el azote habitual que sufren quienes de forma paradójica luchan para que una sociedad mejore.

Ser parte activa de un proceso que mueve, enorgullece. Ser parte del pasivo que sabe que debería hacerlo pero no lo hace crea recelo.

El esfuerzo como consigna de recomendable adopción devuelve un mensaje rancio y ladino. El delegacionismo, o dejar que otros hagan las cosas por nosotros por su cargo o por inquietud. En verdad ese dejar hacer a otros tiene consecuencias. A veces el referente nos ayuda y a veces nos perjudica. ¿Derecho a la queja? Depende. Si sigues la dicha de: haz poco en la vida y el otro poco procura que lo hagan los demás, todo lo que dejes en manos de otros y podrías haberlo hecho tú mismo/a es merecido en el buen y en el mal resultado.

Se sigue soñando con duros a peseta. Sin embargo la sociedad se cansa rápido cuando la moneda tarda en llegar y al final el fundador y socio acabas siendo tú mismo.

Y es un fundamento educativo. El largo plazo debe recuperarse en los planos educativos inculcando el trabajo duro y la inquietud como actitudes y hábitos ligados al éxito y a la autorrealización. Competencia y competitividad no son incompatibles. De toda la vida, el que fallaba a las clases y te pedía los apuntes jamás será un buen socio. Se empieza de niño, se agrava de adolescente y cicatriza en una incipiente falta de visión de adulto. Como les digo a mis alumnos, ser adulto en edad no es significativo de nada. Al revés. Llegar a cierta edad con carencias graves en educación, habilidades sociales, hábitos y capacidad de trabajo pronostica un futuro caótico y lleno de sufrimiento. Porque los milagros, por definición, son muy escasos.

Esa forma de actuar desanima la pretensión del trabajo cooperativo.

Porque como siempre y cuando los plazos azotan, quien acaba asumiendo la responsabilidad siempre son los mismos. La informalidad se ha convertido en un cuasi valor, o un valor de hecho, porque reporta beneficio a quien la abandera.

6-Se nos hace creer que lo podemos hacer y aprender todo y paradójicamente el saber sí ocupa lugar, porque al no vivir infinitamente, estamos limitados por el tiempo.

Luego se produce una distorsión de prioridades. Ante la avalancha de opciones de aprendizaje existentes, ahora más que nunca nos cuesta elegir. La respuesta es volcarnos a fondo en aquello que nos apasiona porque será difícil hacer algo mejor que eso. El tiempo pasa pero cuesta centrar. Conectando con el primer punto, veremos que Jack Ma tiene razón cuando establece que a partir de los 40 años debemos focalizar nuestras capacidades en tratar de estar entre los mejores en aquella competencia que dominamos.

7-La tecnología puede fomentar la ampliación de las relaciones sociales e impulsar iniciativas interesantes, pero no puede igualar la autenticidad del vis a vis. La empatía se ha relativizado.

Las redes sociales y la tecnología tienen un poder de cohesión enorme en la articulación de relaciones sociales de diversa índole, causas solidarias de alcance global y apalancamiento de efectos positivos en la convergencia de esfuerzos hacia un fin común. Igualmente en las sinergias que activan oportunidades de negocio y expansión a nivel de networking.

Sin embargo, debería tenerse claro lo que es en verdad un amigo y nunca perder la referencia de la oportunidad vívida de la experiencia personal.

La experiencia personal cara a cara ahorra tiempo en relaciones estériles, en la mentira y en la evitación de peligros en un mundo donde ser empático de postín y conseguir información fácilmente puede propiciar más de una decepción y algún que otro disgusto grave.

La videoconferencia es una aproximación, como lo es una voz sobre los iniciales chats basados exclusivamente en texto. Pero no es suficiente.

Vale, lo han arreglado un poco con los emoticonos y el audio en los chats y en el uso de cámaras de amplio alcance. Aún así la verdad, lo real, sigue siendo relativo hasta que todo se constata. La cuestión es cuánto tiempo transcurrirá hasta discernir la verdad del engaño y en el caso de no mediar este, cuánto tiempo tardaremos en disfrutar de la autenticidad de la experiencia presencial sin que cueste esfuerzo salir de casa.

¿Qué hay de ir a dar una vuelta por la ciudad, visitar a los amigos, hacerse con un libro, tomar un café y disfrutar del bullicio?

Es dolorosa la imagen de una pareja en un restaurante cada uno mirando el móvil, físicamente presentes y a la vez tan distantes.

Por no hablar de personas que se chatean una al lado de la otra. ¿Qué hay de citas que se cancelan con la facilidad de un whatsapp diluyendo cualquier resto de formalidad y diría de consideración hacia el otro? ¿O quedadas en vivo que se sustituyen por video-llamadas cuando aun ni veíamos venir los confinamientos que acontecen? Dar plantón se ha oficializado: ahora es tan sencillo como avisar…media hora antes.

También nos asalta la imagen de un ejecutivo en una reunión de altos vuelos con camisa, corbata y americana con la habitación hecha un desastre y en calzoncillos.

Se confunde la empatía con la identificación.

Karl Rogers postulaba desde el Humanismo que si nos quedamos con la comprensión del problema del otro y nos identificamos con él/ella, perdemos la objetividad necesaria para poder ayudar a esa persona. La afectación que produce hacernos con el padecimiento del otro nos inhabilita para ser asertivos y ofrecer soluciones viables. Tan sólo nos quedamos al par.

Inculcar estas pautas en los jóvenes en las fases más críticas de su educación es una garantía para lograr cambios y mantenerlos en el tiempo.

Lo que estamos viviendo es un caos que se va de las manos. Únicamente un esfuerzo de observación y de estudio crítico de la realidad puede garantizar la recuperación de la coherencia propia de una ciudadanía coherente. Lo que se vive ahora es difícil de aceptar, como lo es que sea percibido y no se produzca una reacción social. O que ni siquiera se perciba porque al estar abstraídos con quien se quedará en la isla, o si el mejor jugador del Barcelona se queda o se va.

En cuanto a los adultos, desde las instancias propias y divulgativas en que puedan desplegar una transferencia positiva en la transformación social, nunca es tarde.

Todos/as un momento dado necesitaremos evadirnos si con ello evitamos cometer un grave error, o algo de lo que nos podamos arrepentir. Y nos ayudará seguir una serie, trastear por internet, ver un partido de fútbol, o machacarnos hasta quedar extasiados en el gimnasio. Lo importante de desviarse de la senda buena es saber cuando ha llegado el momento de retomar el camino…y hacerlo de forma consciente y autónoma.

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(Fuente imagen: Nataliya Vaitkevich-Pexels)

Por Tony Socias

Escritor, blogger, docente, fundador del magazine viviraltiempo.com, espacio dedicado a la reflexión sobre actualidad que incluye Planifyland, espacio dedicado a la organización y metodología para la eficiencia. Promotor de Poker&Ciencia (Pokershooters) y asesor Tipster en apuestas deportivas.

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