Ahorro, presupuesto y compartimentación.

Ahorro, presupuesto y compartimentación. Tres conceptos estructurales en el proceso de cambio de  nuestra filosofía financiera personal.

El Ahorro se basa en ser capaces de retener un dinero que antes pasaba por nuestras manos y marchaba. El presupuesto halla su esencia en la apertura de espacios de disponibilidad. La compartimentación hace posible, mediante la organización de un sistema de departamentos de previsión desde el establecimiento de cuotas, la estabilidad de caja necesaria para que el crecimiento paulatino sea posible.

El ahorro es la meta. El presupuesto es el modo de crear disponibilidad a partir de la toma de decisiones sobre qué es esencial y qué no. El presupuesto debe ser flexible en su elaboración. Una vez se crean los espacios de dicha disponibilidad, es vital una regularidad en el modo de organizar los pagos previsibles. En esa zona trabaja la compartimentación. Dan Ariely y Jeff Kreissler se muestran escépticos ante la idea de compartimentar el dinero destinado al ahorro. Porque la condición humana es 2+2=5. Ahora bien. Si para variar el discurso te das la oportunidad de ser leal al sistema verás lo gratificante que es que venga un pago y sin más, reponer y ver que el saldo de la cuenta sigue estable. En fin, ¡ponte a prueba! No te arrepentirás. La sensación de tranquilidad y poderío que confiere hace que valga la pena. Es difícil volver atrás cuando compruebas lo bien que funciona.

De primeras compartimenta los gastos en bloque.

Considero más importante en la primera fase educativa y de tanteo que se compartimenten esos gastos que vienen en bloque cada año y sorpresas que no lo serían tanto si se realiza una provisión de fondos para salir al paso de los mismos, evitando así la zozobra financiera y quedar expuestos de forma continua.

Recordamos que nuestra finalidad en este ciclo específico es crear un fondo de contingencia que nos aparte de la dependencia del recurso al crédito y las tarjetas lo antes posible y de la mejor forma.

De repente el portátil es más lento que el caballo del malo.

Lo has formateado, limpiado de archivos maliciosos y nada. Hay que cambiarlo y… ¡magia! Había un sobre con 700 euros forjados en tres años. Compras ese ordenador e ingresas ese dinero en cuenta. Tu saldo sigue igual. Y desde esa estabilidad se hace posible incrementar las pretensiones. Ya no necesitas recurrir al crédito. Y lo has hecho tú, mes a mes. Nada más cobrar, ensobrar y olvidarte de ese dinero. Una disciplina que merece la pena.

¿Hay un modo de lograrlo?

¡Efectivamente! Es científico y aunque requiere sacrificios, los resultados son visibles en poco tiempo. La motivación por el resultado debería ser suficiente: la autonomía financiera, que no hay que confundir con la libertad financiera. La autonomía financiera informa el hecho de que cada vez que recibimos un castigo financiero inesperado que antes nos dejaba expuestos, podemos cubrir sin problema con un fondo propio y elaborado de forma progresiva con criterio. Es decir, que para sufragar el contratiempo respondemos con fondos propios, no con financiación y los eternos intereses. Hay que recordar que no vivimos para siempre y que a partir de cierta edad es fundamental organizarse.

El presupuesto.

La palabra clave es esencial. El presupuesto se elabora de forma estratégica. La suerte no existe-que sí, pero mentalizarnos del principio de máxima responsabilidad nos ayuda más que delegar en márgenes demasiado optimistas de aleatoriedad- y la mala suerte, cuando existe de verdad, mediante la habilidad en la organización se puede neutralizar. Los números aumentan a final de año porque has hecho las cosas bien. No queda otra. Y si hay un golpe de suerte del tipo un premio de lotería, sin una buena organización, es cuestión de tiempo el tiempo se desvanezca. Y eso es así por el simple hecho de que tanto los buenos como los malos hábitos se magnifican a escala amplificada.

A efectos del ahorro el presupuesto positivo o libre es lo que queda cómo margen para el gasto libre y ahorro tras deducir saldos prisioneros.

Si María y Francisco han establecido sus gastos y cuotas compartimentadas de gastos previsibles, saben que tienen 15 euros libres al día para decidir qué salvan de ese presupuesto positivo.

La pareja tiene el hábito de hacer un café diario en la plaza. Pues de sus 20 euros diarios disponibles, sobran 16 cada día. Antes iban a cenar cada día reventando cualquier presupuesto. Ahora van un día a la semana y aun siguen guardando 100 euros semanales. Además disfrutan ese día y además ahorran. Antes no lo valoraban.

El saldo prisionero o condicionado.

Es el dinero que corresponde a todos los pagos y previsiones realizadas a nivel de presupuesto depurado y compartimentación en las debidas cuotas.

El saldo libre es lo que te queda para ocio y ahorro directo.

El saldo libre o X es lo que queda para tu gestión responsable una vez abiertos los espacios tras establecer el presupuesto negativo o condicionado.

Funcionamos desde una cantidad mensual neta que dividiremos entre tantos días tenga el mes.

Ese saldo diario o X, es el resultado afinado de aplicar una buena revisión en nuestra política de gastos. La amortización con el tiempo de deudas abre un espacio nuevo para el ahorro. Hay quienes ya ven la forma de gastarlo. Otros, ya aprendidos, varían el discurso y piensan en clave de liquidez y futuro.

Para entendernos:

Nuestra libertad en cuanto al ahorro, una vez se ha afinado el presupuesto de gastos y se ha estabilizado la cuenta con las previsiones se cifra en una cantidad que una vez depurada, no tan sólo es suficiente, sino que además deja margen para el ahorro a fin de mes.

Un buen presupuesto es riguroso en la supresión de gastos prescindibles, malos hábitos, es eficiente en la logística y ya nos abre un disponible que antes se escurría entre nuestros dedos. Es el arte de crear la primera base de ahorro inteligente.

Dinero directo y dinero indirecto.

Hablamos de estos dos capitales conceptos en la primera parte del ciclo temático: Del micro-ahorro a la tranquilidad.

Dinero directo.

Como reza el término, todo gasto que reduces y normalizas tiene un reflejo inmediato y a corto plazo en tus cuentas. Es el dinero más fácil de ver.

Decidimos entrenar en zonas verdes de nuestra población en lugar de ir al gimnasio durante seis meses o un año. A 50 euros de cuota mensual los cálculos son fáciles de hacer. Prefiero un año. 600 euros.

Eliminar suscripciones online que nos costaban otros 50 euros al mes: 600 euros más. Van 1.200. No hablemos de TV por cable. La cuenta sube.

Dejamos de poner la lavadora y la secadora cada día y hacemos dos lavados grandes a la semana. En este caso tener más ropa disponible para rotar a lo largo de la semana puede resultar una buena inversión. Recorte de 50 euros más al mes. 1.800 acumulados.

Una compra grande semanal pero bien medida depurando la selección de productos que no ayudan a nuestra salud. Pueden ser a fin de mes más de 100 euros fácilmente. Pongamos a la baja esa cantidad. 1.200 euros al año. Van 3.000.

¿Y si sustituimos la paga que dedicábamos a un viaje a la costa por una semana un poco más suelta, pero en nuestra zona?

Pues que por ese lado ahorramos al menos media paga.

Si el fumador hace acto de enmienda y lo deja, a una cajetilla diaria, que suele ser más, pongamos 1,5, unos 6 euros al día, 180 al mes, 1960 al año, añadidos a la cuenta anterior y sin contar con el producto atractivo a medio-largo plazo del siguiente apartado: los gastos indirectos.

Lo mismo con las visitas al bar. Mal síntoma cuando nuestra vida social transita demasiado tiempo en un bar.

Podríamos decir más y se notará. Por ejemplo ir al cine el día del espectador y no el fin de semana. Los bonos solo rentan en la parte de temporadas que las películas merezcan la pena.

Dinero indirecto.

Es un dinero más sutil, pero que a medio-largo plazo actúa en nuestro favor. Por ejemplo, una buena gestión energética y la habilidad en trucos como seleccionar una buena ruta para ir al trabajo cuando no queda más remedio que desplazarnos en coche, un correcto mantenimiento, no exceder las 2500 rpm, repostar los lunes y a horas tardías en lugar de hacerlo los fines de semana. ¿Y qué diremos de los céntimos que se acumulan en un buen ajuste de precio y calidad?

Si sumamos el hábil manejo de ambos conceptos de dinero, la velocidad de acumulación será mayor e igualmente, el conocimiento estratégico que garantice la automatización de los hábitos.

Compartimentación.

Seguros del automóvil, tasas e impuestos anuales, previsión de incidencias. (Bodas inesperadas, sanciones administrativas, una reparación del automóvil o la compra de uno nuevo. Lo mismo con nuestro equipamiento informático). En virtud de la obsolescencia de los materiales no tiene sentido apegarse demasiado a un automóvil y ganamos si frivolizamos un poco considerándolo un electrodoméstico con una vida acotada.

Tres cuartos de lo mismo con el teléfono móvil ¿Merece la pena tener el último modelo? Y si es así, porque es respetable: ¿Hemos asignado una cuota mensual al coste de su reemplazamiento a dos o tres años vista?

¿Y si salimos al paso de los mismos y cuando nos pasen el cobro podemos reciclar ese dinero en cuenta manteniendo el saldo estable? Aquí la palabra clave es estabilidad de caja. Otorga mucha confianza y seguridad y garantiza la realización de la previsión por el simple hecho de que la estipulación de una partida y una cuota regular, así como su efectiva realización.

La pregunta clave en el caso de la compartimentación es:

¿Podríamos responder ahora mismo con nuestros propios fondos ante cualquiera y no digo una, de estas eventualidades?

Lograr que la respuesta sea afirmativa tan solo puede ser consecuencia de un concienzudo y constante trabajo de organización de gastos.

¿Cómo compartimentar?

¡Muy sencillo! Si te cuesta procesar el dinero electrónico, porque de otro modo es difícil que habláramos de esto, hazte con un pack de sobres y a cada uno asígnale un concepto. Una suerte de contabilidad. En este caso no cuentan las cuotas regulares del tipo cuota de alquiler/hipoteca, seguro médico, cuota de renting de vehículo o de compras aplazadas en general.

Por ejemplo:

-Impuesto de gestión de residuos municipales.

-Seguro del automóvil. (No es lo mismo que la cuota la crees personalmente que te lo haga una entidad, que lógicamente cobrará un suplemento por el aplazamiento).

-Impuesto de Contribución de Bienes de naturaleza urbana.

-Declaración IRPF te sale a pagar.

-Compra próximo ordenador.

-Mantenimiento web y antivirus.

-Compra semanal online. Tiempo que no pasas en el súper, porquerías que no compras.

-Regalo de boda de mi hermano/a.

-Reparaciones del automóvil.

-Reposición teléfono móvil.

-Viaje navideño/estival. Si durante un año guardáis las pagas y cambiáis viaje por la piscina del polideportivo de la localidad y alguna paellita os sorprenderéis de cómo se puede forjar una caja de resistencia financiera.

-Sorpresas.

-Con el tiempo y suprimida de la parte del presupuesto una cuota de préstamo o pago fraccionado de compras, podrás crear un sobre nuevo con el concepto: Cuota ahorro. Y al cabo de un año raro será que la cantidad salvada no ronde los 800-1000 euros.

La base de la compartimentación es que tengamos clara la cantidad total de cada concepto y su programación en el tiempo.

Lo positivo es que llegado el momento nos pasarán el cobro por cuenta, pero lo reemplazaremos al instante logrando estabilidad de caja. Unos pagos se pueden secuenciar perfectamente en el tiempo. Otros son aproximados, sin embargo y prácticamente nos asaltarán con dinero para responder, es decir, que ya no tendremos que recurrir al crédito financiero. Aumenta nuestra cuota de autonomía financiera a medida que ganamos control y previsibilidad.

Como se pude apreciar, la compartimentación es una actividad propia y complementaria en mismo rango de importancia que el presupuesto.

Operativizando la compartimentación.

Tan sencillo como dividir en cuotas cada pago en función del tiempo. Los impuestos son anuales. En el caso de empresarios que crean una paga extraordinaria o dividendos entre socios o trabajadores por cuenta ajena que reciben pagas extras, luego dividimos esos pagos entre tantas cuotas como nóminas cobramos.

El gran handicap del presupuesto.

El sesgo de optimismo y realizar una previsión poco flexible.

El pero de la compartimentación.

Los sobres hay que rellenarlos y destinar el dinero que hemos guardado a cuenta para reforzar nuestra creciente posición de autonomía financiera. Tiene que profesarse una lealtad al fin que hemos asignado a cada depósito, no auto-engañarnos y tener que tirar de los sobres para cubrir fallas de disciplina en la filosofía diaria del gasto.

En un nivel de mayor desarrollo de la disciplina, estos sobres podrán ser reemplazados por conceptos compartimentados en una hoja de cálculo. Por tanto el dinero está siempre en cuenta.

Ahí la condición estriba en que ese dinero no se mueva. Para ello es importante controlar las compras por impulso y ser conscientes de que los pagos mediante tarjeta de crédito/débito se incrementan por lo general en un 30%.

Es imprescindible llevar una relación exhaustiva de saldo absoluto/saldo mensual para evaluar el crecimiento y las desviaciones producidas por la deriva negativa.

No tardes demasiado en revisar. El feedback es un músculo de conciencia financiera crucial. No ejercitarlo con frecuencia nos aboca a las eternas cuestiones :¿Qué ha ocurrido?¿Por qué no acumulo dinero?¿Cómo puedo llevar años así?

Todas estas preguntas tienen como consecuencia una respuesta vinculada a la dificultad para moderar las emociones.

Cuando el presupuesto está bien organizado y gracias a una buena compartimentación sabes con lo que cuentas porque no hay vaivenes en tu gráfica de saldo, es posible desarrollar un sistema de ahorro de variable múltiple. Al presupuesto y a la compartimentación podemos llamarlos X:

La primera apertura estratégica al fenómeno intencional de la retención y acumulación de capital positivo a la creación de la supervivencia y más adelante, a las posibilidades de inversión. Realidad comúnmente conocida como: ahorro.

Conclusión.

Cuanto más ajustadas estén nuestras cuentas mayor deberá ser la atención y esmero puestos en planificar el control sobre el dinero directo y fundamentalmente, el indirecto.

En el lado bueno, cuanto más eficiente sea esa labor de estudio y aplicación, más pronto nos acercaremos a realizar la autonomía financiera.

Todos los intereses que por buena diligencia dejes de pagar, serán dinero en tu caja.

Importante destacar que mientras formes el fondo básico de supervivencia no te obsesiones por cancelar deudas. Básicamente porque si tus fondos restantes son escasos, ante la mínima incidencia te verías de nuevo frente a la necesidad de financiar para cubrir. Y la rueda se hace más insoportable. Se trata de acumular liquidez a tu favor, incluso si puedes poner alguna letra grande en carencia, mejor. Es una práctica excepcional y a tiempo estipulado. Para nada debe representar una constante. Con mayor solvencia ya podrás trabajar como vimos en la entrega anterior un sistema progresivo snowball. Ten presente que tus hábitos los conoce tu oficina de crédito y el perfil de riesgo supone el aumento de los intereses a soportar.

Insistir en que no vivimos eternamente, aunque parezca de perogrullo.

Las consecuencias emocionales y la moral son más frágiles si se hace del endeudamiento una filosofía de vida. No es lo mismo apalancar para una empresa que te acaba dando ganancias que para vivir al día. Es un pulso que no se puede ganar. Nuestras energías son finitas y nunca sabemos cuando nuestra fuerza moral dirá basta. Es una cuestión de sentarnos, ser consecuentes y proyectar un poco.

No es una bronca. Nos ha ocurrido a muchas personas. Lo importante es reaccionar a tiempo y experimentar las sensaciones de bienestar, seguridad y de confianza que nos confiere la remontada.

En el anterior ciclo hablé de una fórmula. En la próxima entrega organizaremos en la práctica las variables fija (Yd) y variable de ahorro itinerante (Zd).

Ahorro como origen y final de una idea cuya realización se basa en la intendencia científica y metodológica de la propia realidad financiera y actitud en torno al dinero, desde enfoques de acción como el presupuesto y la compartimentación.

En el terreno del ahorro, el presupuesto y su armonización mediante la mejor previsión y la depuración de gastos innecesarios y malos hábitos corregidos constituyen el Disponible diario. Esa cantidad consciente que constituye un reto diario que nos resulta más fácil comprender, entrenar y disfrutar.

Es una forma segura de crecer.

La mejor forma de tomar conciencia administrativa y auditar nuestras propias cuentas pasa por valorar cualquier diferencia, por pequeña que sea. Es el reflejo de una actitud, un proceso de control y reeducación que sentimos y experimentamos con intensidad. Sencillamente porque los resultados se aprecian y mutan en nuestro interior algunas realidades vitales:

Cambiamos el miedo por seguridad. Aprendemos que si somos disciplinados el dinero no se mueve a menos, se incrementa y con ese ámbito la creencia en las propias posibilidades. Se reduce el estrés, la ansiedad y ganamos en salud y estabilidad emocional.

-Mejora nuestro autoconcepto y autoestima.

Aumenta nuestra confianza. Ya prescindimos del autoengaño. Nada a nuestro alcance ocurre que no decidamos o podamos rectificar con una revisión inmediata.

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Por Tony Socias

Escritor, blogger, docente, fundador del magazine viviraltiempo.com, espacio dedicado a la reflexión sobre actualidad que incluye Planifyland, espacio dedicado a la organización y metodología para la eficiencia. Promotor de Poker&Ciencia (Pokershooters) y asesor Tipster en apuestas deportivas.

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