El tetraedro del estudio. Los cuatro pilares de las técnicas de estudio.

El tetraedro del estudio, o de los cuatro lados constitutivos del proceso de estudio como fenómeno constructivo e integrado.

Dominar las técnicas de estudio, o lo que vengo en llamar, el tetraedro del estudio o de la posibilidad de disfrutar de aprender, llega desde un proceso puramente intencional. Ves que cada vez te cuesta menos asimilar mayores volúmenes de información y lo estimulante que resulta para tu autopercepción interna. Has pasado de que te costara leer, a una comprensión ágil y a una retención basada en la significatividad lógica y psicológica de los contenidos.

Dedico El tetraedro del estudio a jóvenes estudiantes y a personas de mediana edad, incluso mayores, a quienes la vida plantea un reto de ampliación de conocimientos para promocionar, o sencillamente la oportunidad de emprender esos estudios que en su momento les fue complicado realizar.

En ocasiones el motivo puede venir dado por el planteamiento de una mejora laboral o la propuesta de una prueba selectiva interna o una oposición sin dar opción a la evasión. Por ejemplo, nos exigen un idioma, una carrera universitaria, una tesina o una especialidad para conservar nuestro trabajo, o dejar de lado el que nos mata de aburrimiento. Ah, y no lo olvides. si un trabajo te aburre y no haces nada para cambiar la situación, vas a morir o acabarás hablando solo.

Así las cosas nos encontramos en dos posibles contextos:

La presión de no poder fallar. Tensión, bloqueos, miedos jugarán en nuestra contra. Al final la clave está en rectificar hábitos, saber sacrificarse, evitar obsesiones y esfuerzos cuyo precio es el desfonde y con ello, la imposibilidad de lograr el objetivo. Y cuando eso ocurre, no cabe ningún traspié porque lo que está en juego es más que un estilo de vida.

El planteamiento de un reto a medio-largo plazo más basado en el fondo y la sostenibilidad.

El cerebro y la mente como meta-estructura son muy listos y saben jugártela si no te comprometes.

No cabe el autoengaño. Enajenación o frustración y cuando te juzgas y sabes que no haces nada para cambiar tu situación, la mente fabricará el modo de finirte. Así que no queda otra, plantéate un reto y llévalo a término. Aunque experimentes sensación de fracaso, cansancio y frustración, estar en la brecha hará que la mente te mantenga en equilibrio, cuerdo, implicado/a y con fuerza para luchar. No cabe el abandono. Por este motivo muchos funcionarios y en el lado opuesto profesionales que han vivido para trabajar, mueren al poco de celebrar su jubilación. El fin de la vida profesional como concepto es vacío y no sobreviven al: ¿…y ahora qué? Porque de repente parar la impronta de la rutina que llevaban les conduce a ser conscientes hasta un punto cruel y difícil de soportar, de que no fueron honestos consigo mismos, no exprimieron el limón y confiaron en unas fuerzas que por razones lógicas y en esa edad ya han volado.

La jubilación sólo significa un cambio de registro, la flexibilidad exclusiva, tiempo para todo y caben retos. Muchos retos, a decir verdad.

Por esto, quien sabe crear una agenda estimulante de retos y espacios motivantes vive mucho y bien y quien no sale del lamento ni lucha por despuntar el reproche muere o pierde la cordura. Y es que la vida es demasiado bonita para dejarla escapar sin participar. Si hay un juicio llegada una edad en que la continuidad, estar enchufados/as a la vida dependa de la honestidad en el esfuerzo, quiero llegar entero y con pocas cuentas pendientes. Luego seguiremos con algo, porque proyectos hay.

La palabra intensidad es consustancial al propio hecho de existir en un mundo y una vida cuyo único sentido es luchar para consolidar.

En todo: en la vida social, en el deporte, en el trabajo. La única forma de respetarse a uno mismo y de serlo por los demás es defender aquello por lo que luchas. ¿Cuál es tu motivo? Lo importante es que lo haya, que te llene y que sea duradero. Puede haber más de uno.

La jubilación es un concepto vacío.

Conferirle corporeidad al concepto de jubilación por la ansiedad de darle sentido por el mero peso de la larga espera que supone, llegado el momento, deriva a buscar la solución al fraude mental. A estas alturas total para qué, ya...Un pie en el foso es lo que se inicia con esta actitud conformista y entregada antes de hora. Y empiezan los cuestionamientos. En todos los sentidos. Un trance confuso que afronta defraudado la larga espera de aquella realidad que se prodigaba como mágica en respuestas y bienestar y que al final solo refleja el reproche ante la insuficiencia, o al contrario, todo lo que uno se ha perdido por la obsesión en torno al trabajo, o por tratar a modo de un arte de hacer lo menos posible y burlar al sistema, cuando lo que se está es estafando a sí mismo/a.

Resulta ser un conjunto de interrogantes muy difícil de implementar si a ello añadimos el shock de lo que erróneamente muchos describen como fin de vida útil.

Depresión, crisis existencial, tempus fugit, bloqueo, sensación de inutilidad…

Luego está la otra reacción. El temor a no saber qué hacer y amarrarse a un trabajo del que por largo tiempo ansiaban desprenderse. Las mentorías, por ejemplo.

Una forma de hacer activismo que al Estado le ahorra sueldos a generaciones de profesionales que entran con buenas ideas y que se asienta en la falacia de que:

Experiencia = mera acumulación de años en el desempeño de una profesión.

Como todo. He asistido a formaciones de mentoras/es que dices: Chapeau! y otros cursos de copia y pega cumba ya que, como le dije a uno que no sabía encontrar el momento de poner fin a su carrera por el bien de todos y oficiaba dar la tabarra hasta decir basta: si llego a saber que este curso iba de este palo (un copia y pega de psicología de garrafa) preferiría estar durmiendo una buena siesta o haciendo un café en el Varadero.

La diferencia está en el que necesita hablar para escucharse, que incluso le soltaría el rollo a una pared y aquellos por cuyo discurso estás dispuesto a pagar. Últimamente he conocido a uno de estos buenos.

Te acompañan en el desarrollo del andar en el trabajo y siempre es agradable disertar con ellos. Hace años, mi buen amigo Hermes y nuestras aventuras por Ibiza en 2006/7. O Raúl, amigo castellano. Y Vicente, un todoterreno cuyo dominio en la resolución de momentos de alta complejidad contrasta honorablemente con su corazón y su sencillez. Gente del alma, en su conjunto cuya sabiduría rebosa por los cuatro costados. En medio, gente para olvidar.

Este año, y dignificando las mentorías en el caso en que son profesionales a quienes duele perder de vista, he conocido a una maestra cuya dedicación, respeto y bagaje es a partes iguales sentida y por su comunidad valorada.

Y todo por no saber qué hacer con el tiempo que se ha abierto. Miedo a combatir el vacío del aburrimiento.

No es lo mismo ser solicitado que ofrecerse. El error es de concepto. Si se tiene claro que la jubilación es la posibilidad de dar continuidad a frentes alternativos abiertos o a crear algunos nuevos cuyas bases ya se han ido asentando con anterioridad, ese momento de cierre profesional oficial no es para nada un trauma, ni la sensación de dejar de servir.

La mera militancia en una profesión durante cuarenta años no es per se la garantía de un concepto tan valioso como la sabiduría. Ir más allá del mero discurrir. Es la diferencia esencial.

Es al contrario un espacio de lujo para iniciar nuevas realidades.

La oportunidad de recuperar todas las prestaciones de nuestra persona que el tiempo y las ocupaciones nos robaron. El momento de ser todo lo que el estrés y la presión no nos permitieron bajo los auspicios de la competitividad y el temor a perder lo que se tiene. Tiempo para potenciar la vida social, la contemplación y la reconciliación con la naturaleza.

Una disociación que no se ve.

Por defecto, si le preguntas a un funcionario de la ley del mínimo esfuerzo o a un trabajador que valía mucho más que el puesto que ocupaba y se conformó que espera de la jubilación generalmente, salvo contadas excepciones te responderá algo impreciso como tiempo libre, montar una ONG, descanso o proyectos ingenuos que parecen ignorar que a los 65 años ya no se tiene energía ni cuerpo para hacer lo mismo que ahora.

Si le preguntas a un adicto al trabajo a qué dedicará la jubilación pocos serán los que dirán: a la familia, a crear una granja, un huerto o a ir de pesca. Muchos se aburren rápido por el arrastre del destrozo de la adrenalina. No pocos llegan a ese momento como Fidípides, es decir, enfermos al punto de llegada. El timo o trampa mental de la jubilación es contemplarla como una línea de meta y no de salida.

Matarse a nadar para morir en la orilla. Mala filosofía.

No idealicen la jubilación. Las bases para disfrutar de la tercera edad con posibilidades de ser productivos, felices y una larga vida empiezan como quince años antes.

Conocí a muchos de estos que ahora ya no están entre nosotros.

Jubilación como sinónimo de depresión, somatización, retracción y tragedia. Se quejaban quince años antes de tener que ir a trabajar y luego no sabían que hacer cuando se habían jubilado y cuando los veías te decían que echaban de menos ir a trabajar. Te quedabas a cuadros de oírlo.

Sin embargo, jubilación e intelecto pueden entablar un bonito y concepto andar por largos e intensos años.

Viajes, estudios y ampliación del conocimiento, nuevas relaciones, competencia tecnológica, etc.

No siempre existe ese término medio. Y requiere esfuerzo.

Pero merece la pena porque si te implicas y lo vives, obrar esos esfuerzos cuyos efectos serán multiplicativos te va a compensar incluso más allá de superar ese obstáculo/reto obligatorio o voluntario. Un proceso de semejante calado viene porque estás obligado o porque tu interior pide más y sabes que no estarás en paz hasta que te pongas a ello.

Cuando la motivación como energía salvaje y el objetivo son viables y lo suficientemente poderosos empieza la creación de las condiciones de trabajo y la inmersión en la técnica específica.

La salud se activará porque esa motivación pone en marcha los engranajes oxidados que un tiempo nos hicieron capaces de conseguir lo que nos propusiéramos.

No infravaloremos el componente de la experiencia y la solidez en la resistencia que por todo lo afrontado nos confiere tener una edad cuando nos proponemos el reto. La experiencia y la memoria vital nos estimulan a luchar los días malos. Nos recuerdan que la evitación que el cerebro reptiliano propone para no esforzarnos e inventar justificaciones de toda índole no son más que argucias para retenernos anclados en la situación que precisamente queremos mejorar.

La capacidad de llegar competitivos y hacer que el tiempo nos obre en favor es la capacidad para comprender que vivimos en presente continuo y que el futuro, tal como nos lo han inculcado es una ilusión.

De hecho, es difícil contemplar un futuro real cuyas líneas ya no se estén diseñando ahora mismo. Y eso debe tenerse presente porque cuando tomas consciencia de proceso mediante un estudio bien motivado y organizado, se toca con las manos que nada se hace sólo y que todo resultado es fruto de una intención, pero también de una aplicación gestionada y efectiva.

Cuando vemos con horror qué ocurrirá si nos plantamos, comprendemos que nada cambiará si no nos ponemos las pilas. Hay una retroalimentación positiva y tiramos hacia adelante.

De lo contrario no tendremos derecho a quejarnos si nos dejamos atrapar. El día siguiente será muy cruel porque no cabe el autoengaño. Nos hemos allanado a aceptar que todo fue una ilusión.

Las consecuencias del desmoronamiento pueden ser muy crueles.

Es muy triste delegar en un médico para que con cuatro pastillas confirme oficialmente que hemos dejado de servir para luchar. Da mucha pena ver a profesionales que lo tenían todo para brillar acaban mirando al horizonte, arrastrando los pies, esperando sin pena ni gloria el final de jornada para abocarse el resto del día a dormitar para no sufrir el juicio despiadado del que nadie escapa: no luchaste.

Digamos que si los días malos conseguimos hacer algo y que eso ocurrirá repetidas veces, sobre todo al inicio del proceso que es la ruptura con la comodidad, la propia persistencia reducirá ese número de días malos por el peso del logro y nos iremos consolidando.

Cuando corría media maratón siempre me gustó entrenar los días más complicados: con calor, con viento, lluvia. Básicamente porque el día de la carrera no lo elegirás. Y ello no debe ser un pretexto para justificar un mal resultado. Esos días han sido muy importantes más allá del deporte y continúo siguiendo esa tendencia. Andar, viento de cara y cuesta arriba. Nadar: con olas y con algo de corriente. Esa consistencia análoga te reforzará enormemente en los días malos y te ayudará a convertirlos en el día de mayor potencia a la hora de explicar tu éxito.

Plantéate fundamentalmente que cada día debe aportar un resultado tangible.

Cada día de ir esa tribulación que se llama el trabajo que has aborrecido durante el proceso activo de cambio sólo puede soportarse en base a la constatación de al menos un objetivo logrado el día anterior. Lo contrario te hunde y hay que reaccionar con urgencia. Lo importante es que haya una reacción autónoma. Si un día tienes dificultades para centrarte en un tema, al menos, fija el objetivo de haberlo leído y tomado notas.

Si no has podido hacer el entreno que pensabas, como mínimo, haber hecho media hora rápida de gimnasia o un paseo breve.

Evita la apatía y su extremo, la euforia  La apatía se nutre de la creencia del hacer que se inhibe ante la duda si hacer algo compensa en realidad. Es auto-justificativa, deprimente, frustrante y no cambia estado de cosas alguno ni para uno mismo ni para los demás. Un lastimoso desaprovechamiento.

La euforia y la vigorexia son contraproducentes porque necesitan estimulantes demasiado volátiles y peligrosos para mantener en marcha la chispa. Funcionan a ciclos cortos, plazos breves y lo mismo que las emociones y la motivación están en la cresta en unos días y sin preaviso pueden desmoronarse.

Estudiar con apatía es hacerlo sin consistencia y en euforia supone una dispersión del pensamiento y un derroche de unas energías que podrían racionalizarse y hacerse más sostenibles.

Si te has portado mal con la comida, comprométete a un semi-ayuno de catorce horas. Algo que puedas cumplir y que te de fuerza para superar la monotonía y los sinsabores de la rutina laboral cuando esta es displicente.

Piensa que la honestidad de iniciarlo te dará como resultado inmediato un sumativo duro de ganar, un multiplicador y cuando llegues a un crucero de estudio sostenible al tope de ganancia sostenible, lo que te aguanta es la moral de lo fácil que asimilas la información y la puedes exponer de forma flexible y suelta, fruto de la confluencia de la disciplina, la motivación, el cuidado personal y el respeto al valor docto y confirmado del método.

A medida que vamos desarrollando nuestra vida se crean nuevas áreas de dedicación y ello exige hacer malabarismos con el tiempo.

Esa creación de franjas va madurando a medida que aprendemos a priorizar. La madurez es la oportunidad para llegar a la conclusión y de hecho aplicar la máxima de que nada merece la pena monopolizar el tiempo ni obsesionarse. El área familiar, social, el deporte, el descanso, la vida profesional, la formación y estudio paralelos. Hay que cultivar mecanismos y rutinas que nos permitan ser ágiles y funcionales sin renunciar a esos pilares.

Tenemos ante nosotros/as el tetraedro del estudio:

1-Un motivo poderoso y estimulante/ una llamada a la supervivencia. Si nuestro ángel de la guarda existe, este es la fuerza constante y sobrenatural en ocasiones que se llama el poder de un motivo profundo. Crea la interdependencia funcional entre los lados que componen el tetraedro del estudio.

2-Salud. Sin ese soporte y la rutina diaria para mantenerlo en equilibrio todo lo demás es imposible. La salud depende de la existencia de un propósito que nos retroalimenta para ir avanzando desde el origen a un poco más cada día, hasta acabar a nivel exponencial. Nos habilita para la resiliencia, para seleccionar las mejores referencias, apoyándonos en personas competentes que nos transmitan su bagaje. Si la salud es el soporte básico de nuestra presencia/experiencia terrenal, se valida con la vitalidad que aporta un propósito acumulando un caudal energético sin parangón que nos proveerá de lo que necesitamos para lograr el objetivo deseado.

Cuando la mente se hace suyo ese objetivo y la meta-estructura se pone a trabajar, el efecto se asimila a una cuestión de supervivencia.

A pesar de los obstáculos, momentos malos y fracasos que acontezcan por el camino, lo que nos mantendrá cuerdos y aspirantes firmes al logro no es más que el saber que no hay alternativa y que únicamente existe una dirección.

Más rápido o más lento, pero hacia allá.

Cambio, promoción, ascenso, logro, afirmación, éxito. Se puede hablar de éxito sin que resulte un término inalcanzable y especulativo. El problema es que se trata de una acepción sobreexplotada. Se ha abusado de él en innumerables arengas sin fondo.

Lo cierto es que el éxito es esa sensación de satisfacción sin igual que supone vivir el clímax de consolidar un logro duramente trabajado.

La salud únicamente resistirá y mejorará si el objetivo/meta que nos hemos propuesto tiene un calado profundo, íntimo, realmente vinculado a intereses internos y no a expectativas externas y que está arraigado en un deseo propio y no prestado. Es la diferencia entre la motivación intrínseca y la extrínseca. En nombre de la primera, auténtica y sellada a fuego, se logra todo. En base a la segunda, todo lo que se logre no es más que para demostrar a los demás y lo frustrante, tras todo el esfuerzo que reporta, es que no hay una recompensa profunda más allá de unos dígitos más en la nómina. Incluso en el caso en que con todas las dificultades que comporta hacer algo con una motivación frágil.

3-Organización estructural del contexto personal y acondicionamiento de la ecología de tu/s espacios y tiempos de estudio. 

4-Técnicas de estudio como estrategias progresivas específicas. Del mismo modo que  un maratoniano que prepara los 42km 194 metros de la prueba, se inicia por hacer fondo y acaba en un plan riguroso y altamente definido en todo su entorno que le lleva a la especialización y a la capacidad para acometes duros entrenamientos con solvencia en aras de lograr recorrer la distancia con holgura y en los márgenes de resultado esperados.

Vamos a por los puntos 3 y 4 del tetraedro del estudio, que de los dos primeros ya hemos hablado en la primera parte de corte filosófico sin ser incierto, que hay un trasfondo científico en su fundamento.

¿A qué nos referimos cuando hablamos de Organización estructural del contexto personal?

Es muy difícil proponerse estudiar, ni tan siquiera leer, si no hemos resuelto todas aquellas tareas que ocupan nuestra mente a nivel operativo y que no nos relajan hasta que las hemos realizado. Así que cuando te sientes a leer y/o a estudiar con las garantías de que el tiempo y el aprendizaje se aprovechen bien, asegúrate de no tener que ir al supermercado, termina de hacer llamadas pendientes y soluciona esas tareas que sabes que estás postergando porque mientras la mente te genere ansiedad por la lista pendiente de cosas que te están angustiando. Puede que te sientes delante de un libro, pero es complicado que obtengas el resultado deseado de la experiencia de aprendizaje, tanto en consolidación, como en disfrute.

Muy al contrario de lo que algunos puedan pensar, leer y estudiar  representa un momento de placer, recogimiento y crecimiento personal.

Estudiar no tiene por qué ser aburrido.

Idea central: siéntate a leer y a estudiar cuando hayas liquidado todas las tareas pendientes del día.

Intenta no desayunar/merendar/comer/cenar copiosamente porque durante la digestión, sobre todo si es pesada, lo que experimentarás es somnolencia, una tortura continua de lucha por no dormirte y frustración, ya que si ese es el único momento del día para cumplir el objetivo, es muy probable que lo pases mal.

Y tampoco es aconsejable hartarse a cafés para estar lúcidos. Come sano y ligero. A la mínima oportunidad que tengas para echar una cabezadita, aunque sea de veinte minutos ni lo dudes, porque te vas a reiniciar y eso te permitirá llegar al momento deseado de encuentro con el estudio con una cierta frescura. Las sensaciones serán agradables y conseguirás irte a dormir con un resultado. La mente procesará bien lo aprendido y lo que es mejor: habrás creado las condiciones y hábitos organizativos esenciales para que se cumpla el resultado.

No apures demasiado las noches. Como entres en crisis energética por no respetar los descansos, en unos meses puedes estar en crisis poniendo en peligro tu salud y con ella, todo el tinglado. Luego, al recuperarte, valoras lo aprendido y racionaliza. Una hora buena mejor que tres malas.

Cuando haya presión, por ejemplo, seis meses o un año para obtener un título de inglés, unas oposiciones, una prueba interna, la clave será cuán rápido modifiques y sanees tus hábitos y costumbres.

-No neutralices tu vida social a cero.

-La familia sigue siendo muy importante.

Por esto es prioritario comprender los atroches o atajos que te proporcionan el aprendizaje significativo y saber organizar la información objeto de estudio. Unas personas aprenden más rápido y otras más lento, pero depende del esfuerzo. El logro es apto para la mayoría cuando se acepta que el centro que nos da el temple es el reconocimiento de los propios ritmos y posibilidades vitales.

Una persona con familia tendrá que ser más selectiva y aprovechar mejor las franjas horarias que una persona soltera que dispone de más tiempo.

Unos tendrán que esforzarse más y otros tendrán suficiente con una o dos lecturas. Lo importante es proponerse un objetivo sobre el objetivo forzado: aquello que depende de nosotros/as en aras de crear las mejores condiciones para modificar favorablemente el contexto que más y mejor nos ayude a lidiar con el tiempo. Y desde esa parte que depende de nosotros habilitar, llegar al compromiso selectivo habiendo aprovechado al máximo el tiempo disponible.

Sentar las bases de seguridad y confianza es el primer sillar de ese constructo evolutivo que es elaborar una rutina de estudio, despertar capacidades, potenciar rendimiento. Lo primero son los hábitos.

Cuando ya no nos cuesta estudiar, que es en un mes. Hay quien dice antes, hemos consolidado una rutina. Tenemos confianza y seguridad. Somos responsables, estamos avanzando y podemos demostrarlo cada día. Nos avala un proyecto científico garantizado y se llama:

Motivación intrínseca + capacidades + trabajo efectivo + entorno favorable + optimización energética fruto de la organización y la mejora de la salud

Esto va de inspiración.

Descubre tus horas y momentos de brillo y aprovéchalos al máximo. Calidad>cantidad. Un entrenamiento puro que se basa en la mejora por el peso de la base y la mejora de la técnica. Lee, comprende, razona, analiza, amplía y fijarás cualquier contenido por el mero hecho de entenderlo en su espectro completo. Hablaremos de ello.

-No te fijes metas que no puedas cumplir. Es más positivo una meta discreta, pero que puedas apuntar. Lo contrario crea frustración.

Sé progresiva/o. Si inicias o retomas una carrera, concédete el primer año matricularte de dos asignaturas para poder gestionar con tranquilidad, holgura y sensación de dominio, evitando así estrés añadido, frustración y ansiedad.

¿Qué es la ecología del/los espacios de estudio?

-Si vas a estudiar en un espacio de tu domicilio, procura que esté bien aireado, con luz natural o en su defecto una luz que no obligue a forzar la vista. Si estudias con un ordenador, cuida la ergonomía de tu cuerpo. Tronco recto pero relajado y ángulo de la vista con respecto a la pantalla de 45 grados.

-Evita los flexos bajos de luz.

-Las condiciones de higiene y orden de los elementos de ese espacio son importantes. Nada de olores ni aromas fuertes, mucha limpieza y evita el desorden del tipo trastos por el suelo, estanterías caóticas y si el espacio es amplio, mejor que si está demasiado saturado. Los pisos de hoy en día, por norma general, son pequeños. Más importante todavía si las dimensiones de tu sala de estudio son reducidas, que esté todo en orden.

Música: La que prefieras, pero básicamente que no sea invasiva en esa conexión mente-contenido. Nada de histrionismos ni de melodías que nos lleven a otra parte.

Si estudias en la universidad, Instituto, la biblioteca pública de tu barriada o en un bar, la regla es la misma. Si vas a hacer vida social, acota muy bien el compromiso con tu objetivo. Que los cafés y el flirteo no duren demasiado. Emplaza las citas para otro día o cuando hayas asegurado tu meta diaria. Ahora es momento de estudiar. Hay demasiado en juego. El tiempo es un bien escaso y los recursos igualmente. Con la gasolina a 1,6€ el litro, si te desplazas para estudiar, al menos aprovecha esa logística para extraer rendimiento.

4-Técnicas de estudio.

Cuando llevas mucho tiempo sin estudiar, años o incluso décadas, la idea más importante es valorar la intención y la distensión de los primeros días de toma de contacto con el estudio. Todo está bien como toma de contacto inicial.

Siempre me ha servido como recurso la lectura variada.

Mi compromiso, aún sin acometer estudios reglados los últimos 20 años salvo las odiosas formaciones permanentes, ha sido leer entre 50 y 75 libros anuales. Puedo hablar con propiedad de este tema. Si hay fondo, encarrilar el hábito regular de calidad es muy sencillo. Estás acostumbrado/a a la inferencia, la deducción y al trabajo sistemático de textos en registros selectivos.

Error común: memorizar a lo bestia. Abocado al fracaso más absoluto. Iremos a ello en breve.

Lo primero que hay que hacer cuando te planteas estudiar, es anticipar la intención al momento del compromiso el tiempo suficiente para rodarte y luego apretar. El fondista va acumulando horas y kilómetros, haciendo volumen para adaptar la respuesta del organismo de forma progresiva a la exigencia. Con el tiempo hará series y posteriormente se propondrá marcas ajustadas para estimar su respuesta el día D.

La lectura es el pilar más idóneo para iniciar ese período de creación de volumen.

Para hacerlo más dulce, aprovecha momentos sueltos para leer temas que te puedan interesar ya sea de libros o de revistas especializadas. Verás que la motivación que te proporciona interactuar con esos contenidos lleva  implícito un nivel sensacional de comprensión, agilidad, rapidez y disfrute.

Captamos las ideas al instante, podemos realizar inferencias, nos pica la curiosidad y extendemos la búsqueda de información para saber más. En equilibrio, ligeramente cansados, pero no agotados.

Hay un placer, un regocijo en ello. Y nuestra mente y espíritu se expanden. Llamo espíritu con vuestro permiso al terreno de las sensaciones internas. Experimentamos un revivir a medida que, tras un largo tiempo sin leer de forma constante y concentrada, aumenta nuestra tolerancia, se centra nuestra vista y la capacidad de aprendizaje, igual que la agudeza intelectual se va calibrando.

No te puedes imaginar el alcance de esos minutillos sueltos que puedes crear con la debida previsión.

Minutos hacen horas y horas magníficos resultados. Te lo garantizo. Y es que al final, la vida de las personas que trabajamos y tenemos una amplia gama de actividades a lo largo del día, aprendemos a aprovechar muy bien esos micro-espacios de tiempo para fijar ideas. Tiempo ganado para desarrollar el esquema cuando nos sentemos ya de forma específica a trabajar el material.

Mis quince minutos en el parking antes de entrar a trabajar valen oro. De hecho el tema entero.

Atrapo la idea central y luego sólo tengo que construir el esquema y fijarlo. La calidad está adelantada. No es cuestión de horas, sino de tiempo aprovechado e intensidad. Al principio el tiempo te muerde y experimentas nerviosismo porque ves quince minutos como que no dan, Pero día a día te vas relajando y terminas por dar cabida a una sorprendente concentración para arrancar la jornada laboral con un eureka cuyo valor es incalculable. El tiempo se relaja porque tienes más velocidad, te sabes abstraer del exterior y localizas la esencia del contenido con mayor fluidez.

Eso sí, no le pidas a esos quince minutos un volumen excesivo.

La experiencia te ayuda a tener mayor velocidad y comprensión lectora. Luego captas le idea central y la dejas madurar para una lectura más detenida en casa. Pero ya has hecho la inferencia.

No te propongas abarcar demasiado porque los quince minutos pasarán de ser un oasis de aprendizaje a un bochorno que condicionarán el resto de mañana por la saturación de abusar de cantidad de información.

Cuando ya has fijado ese hábito regular, es hora de empezar a hojear esos temarios de la materia que te propones aprender para lograr tu objetivo.

Y qué mejor que utilizar el mismo hábito. Tema a tema, afinando la comprensión, buscando teorías conectadas, autores, nuevas teorías y descubrimiento en ese concepto/campo.

Por la práctica sistemática la velocidad de procesos pasa de sumativa a multiplicativa, luego exponencial y finalmente, en el límite de lo humano a un nivel de mantenimiento nada desalentador.

Hay sistemas que ayudan a desarrollar una comprensión de la lógica interna de los contenidos. Si te planteas un tema como una realidad conectada y no necesariamente lineal. Al final, todo se reduce a alejar un poco la hoja de los ojos y ver el panorama como esa realidad inter-factorial en su mapa de acción. Un sistema de elementos sinérgicos y antagónicos que a fin de cuentas explican la naturaleza de una realidad cada vez más dinámica.

¿Cuáles son esos sistemas de captación de lógica interna que integran el aprendizaje de forma significativa?

Mapas conceptuales. Una organización sistemática cuya forma de visualizar nos ofrece por su simbología, cajas y flechas la dinámica del entorno, sus elementos y relaciones. Nos otorga un dominio de ese sistema muy fácil de exponer.

Esquemas. Todo el tema en una cara de folio.

Palabras clave. Palabras que obran en nuestra mente como la llave que activa el motor explosivo cuya dinámica argumental hace tangible una contrastada comprensión.

-Listas de preguntas de desarrollo. Un guion de cuestiones, igualmente motrices cuya formulación nos ayuda en los desarrollos extensos a tener un organizador de fondo.

Lo que logramos con estos itinerarios o rutinas de fijación de conceptos y realidades es no supeditarnos a la memoria como un recurso estático, a la repetición vacía porque si, exenta de comprensión.

Aprender bien algo es poder montarlo y desmontarlo mediante el razonamiento. La consciencia de dominar el concepto y su universo explicativo fijan en nuestra memoria las ideas. Este proceso de consolidación significativa nos permite desarrollar el tema en cualquier instante de forma flexible, lógica y completa.

Recordamos mejor y más tiempo aquello que comprendemos.

Por este motivo me parto de risa cuando algún opositor impone sus galones de forma presuntuosa por el mero hecho de haberse pegado una empollada patrocinada con químicos y cafeína hace décadas. Independientemente de que reporte unas ventajas laborales y una estabilidad. Un día de vomitar un rollo preparado justifica 35 años de trabajo y que eso se presuma sin posibilidad de duda. No puedo más que reír. También hay excepciones y conozco a funcionarios con una dimensión cultural amplia, vocacional y nutrida más allá de ganar la plaza. Por desgracia proliferan los primeros.

Una meta verdadera, una mente y un cuerpo se preparan para dar el todo.

Las capacidades se activan, la resistencia actúa por pura estimulación. Se superan crisis, se fijan hábitos que se creían perdidos.

¡Bienvenidas/os al universo de la recuperación/conquista de la mejor versión!

Experiencia, visión, eficiencia, regularidad, procesos, incremento de nivel, madurez procesual, trabajo sistemático.

Se puede disfrutar estudiando independientemente de suponer un reto y de vencer días malos.

Al final todo se reduce a que la mente adopte ese reto como un componente de supervivencia que no contempla el retroceso, que tolera algún pequeño fracaso y que dota, mediante la humildad y la flexibilidad, de un cierto margen de error que se vence por el mero hecho del querer.

Amigas, amigos, nunca es tarde para volver a estudiar.

Disponemos de la maquinaria para hacerlo. Tan sólo se trata de alinear un plan realista, cumplirlo y enriquecer cada día con una pequeña meta que se pueda apuntar.

Un juego de placeres.

El de comer sano, las endorfinas que fluyen después de un buen entrenamiento. La fuerza de estudiar con la mente fresca tras un buen descanso. La grandeza de sentirse en armonía con todo lo nos envuelve y se hace porque al final es la opción que hemos elegido. Sentir electricidad en el cerebro, cómo la mente despierta, se expande crea zonas, normas y activa capacidades de inferencia potentes. Cuando vemos el contenido y su dimensión profunda y experimentamos el placer de gestionar la información con soltura, un planteamiento original y de mejorar nuestros instrumentos de aprendizaje.

Todo empieza con abrir un libro que nos motiva.

Luego nos ponemos a estudiar y una palabra clave, el atrevimiento a extender, la creación de una pregunta cuya formulación se fija en nuestra mente como un proverbial organizador de contenido. De repente hemos arrancado. No hay marcha atrás. ¿Por qué sabotear un momento tan enorme? ¿Alguien nos dice que somos demasiado mayores para promocionar?¿A quién le hacemos daño con nuestro propósito?¿Acaso importa?

Si el compromiso es interno y verdadero, incluso la muerte puede esperar.

Al final el tetraedro del aprendizaje se reduce a reconocer sin miedo el poder de las sensaciones, el alma o espíritu, concepto al que muchos temen y tratan de lado. Esa fuerza motriz interior cuya intensidad se convierte en una sana y sostenible adicción y nos convierte en personas capaces de proponerse cosas y de lograrlas. En un mundo como el nuestro, basado en la comodidad, la vaguería, la ley del mínimo esfuerzo, en el que los mercados diseñan por nuestra pasividad la demanda, plantear la posibilidad de un esfuerzo es casi impopular.

El vínculo que une y dinamiza como un todo los cuatro lados y le otorga una dimensión profunda e integrada a ese motivado proceso de aprendizaje es la solidez interna de la propuesta.

Como siempre, lo divergente es desafiar.

Prepárate para sentirte culpable por proponerte una meta y mucho más por lograrla. Trabaja para ti, deja de esperar y ejerce una referencia sólida para aquellas minorías que igual que tú, empezarán más tarde, te admirarán por tu esfuerzo y puede que requieran de tu ayuda y del peso de tu experiencia. Hoy en día hay muchas personas que se proponen cosas, pero hay demasiadas que se preocupan en exceso de no hacer sentir mal a aquellas que con el esfuerzo ajeno reaccionan mal y pueden cometer el delito, por así decirlo y si uno lo permite, de apagar ese fuego pasional que se llama:

lucha y potencial de superación.

No permitas que el desánimo te prenda. Hay demasiado en juego. Es incluso una cuestión de responsabilidad fijar hitos y cotas en un momento muy necesitado del recuerdo de que todas las cosas que merecen la pena llevan mucho trabajo. De momento y muy a mi pesar, la reacción general es de rechazo y aislamiento ante el emprendimiento. No engroses la tasa de desistimiento. El cementerio está lleno de gente que lo intentó y ahí se quedó. Pero eso puede cambiar. Porque estamos vivos en esa posibilidad que se llama:

el cambio depende de mí, de ti y tal vez de nosotros, cuando ese nosotros viene avalado por el savoir faire, el apoyo, la experiencia, la madurez y la buena voluntad.

Raramente el mundo pueda continuar evolucionando al margen de la cultura del esfuerzo.

El tiempo es un marco de posibilidad, no de por sí un diseño. Que nadie se tome demasiado en serio aquello de: el tiempo dirá si espera resultados en lo que de una misma persona depende si no median actuaciones dirigidas.

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Las listas de contenidos. Razonamiento y memoria implícita.

 

(Fuente de imagen: pexels.com)

Por Tony Socias

Escritor, blogger, docente, fundador del magazine viviraltiempo.com, espacio dedicado a la reflexión sobre actualidad que incluye Planifyland, espacio dedicado a la organización y metodología para la eficiencia. Promotor de Poker&Ciencia (Pokershooters) y asesor Tipster en apuestas deportivas.

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