El evangelio de la servilleta plantea un tema muy interesante:
¿Puede una noche fría cambiarlo todo?
El evangelio de la servilleta, un cortometraje, rico en inteligencia emocional y siempre dotado de ese don de su equipo para hacernos sentir y pensar, propone unas cuestiones muy interesantes:
¿Por qué tenemos que llegar al límite cada vez para darnos cuenta y reaprender cuán importante es el sentido de la vida, comprender significados y que los demás aportan riqueza a nuestra vida?
¿Por qué es crucial la fe?
Desde que conocí a estos artistas vocacionales, el Equipo de DEHON Cinema International, les prometí a José Luis Panero, Alberto Mazarro y a Óscar Parra de Carrizosa que mis reseñas serían personales, profundas, vinculadas a la percepción vital y cero IA. No será esta una excepción. Partiré del núcleo esencial del relato, la fe, para analizar los hechos desde mis propias experiencias.
El evangelio de la Servilleta. ¿Qué nos cuenta?
La historia se ubica en Madrid. Es Nochebuena y la nieve arrecia al punto de que no hay mejor casa que un hogar en el que van a confluir personas muy diversas en todos sus aspectos. A todas ellas las unen rasgos comunes muy valiosos: es gente educada, agradable y atuténtica.
Verdades profundas coinciden en un espacio con gran intensidad.
Cada una de esas personas, como cualquier hijo de vecino, carga con una cruz a nivel interior y sucederá algo inesperado en un momento clave. Se van abriendo a medida que ese hogar que parece frío al principio va ganando calor, tanto por el que aporta el estar a cubierto, como el humano. Las conversaciones se mueven en una brecha compleja: cada uno comparte sus miedos y carencias, aún a pesar de haber perdido la fe, o de así creerlo, una parte suya sigue buscando y eso, amigas y amigos, es vida. Cuando ese anhelo se apaga del todo hace aparición la nada sartriana que no tiene por qué ser la muerte, sino el abandono a cualquier esperanza.
Y digo yo que si se han reunido, es porque algo queda en su interior.
Los roles están encarnados por personas muy próximas. No se experimenta como espectador una distancia glamurosa en los personajes. No hay lujo, ni grandes luces. Más bien a la inversa, una normalidad, una autenticidad y una fragilidad desgarradoras ante el modo en que se rompe el estándar de esa tan mitificada y mediáticamente bien vestida cita que es Nochebuena. Si lo piensas bien y echas la mirada atrás, no dista del estrés de evitar discutir con el cuñado, del cuidado de no ofender a los suegros, de las polarizaciones Barça vs Madrid, derecha e izquierda, luchas de género y el tedio de ver cómo la lían los niños discutiendo por los juguetes.
El regalo que nos ofrece El evangelio de la servilleta es distinto y muy digno de contemplar.
El espejo en que se refleja la historia es tan auténtico y rompedor que se hace duro, pero es real como la vida misma y por este motivo, merece la pena.
¿Son las personas creyentes fuertes o débiles por el hecho de delegar en una entidad externa la fuerza que podrían desarrollar explotando todo su potencial?
¿Es pecado ser fuerte?¿Es sensato vivir para esperar cuando puedes hacer por ti mismo/a? Es una duda que siempre me acompañará. Cada vez que me he acercado a Dios y a Jesucristo la respuesta ha sido una bofetada casi mortal. Seguir con vida ha supuesto renunciar a ser querido por ellos y hacer mi camino. Un eslogan decia: en las distancias cortas es donde un hombre se la juega. Pues así ha sido. Pero conozco a creyentes felices. Tienen estrella y a todo le encuentran una explicación. ¿Hay mayor felicidad que esa?¿Fortaleza o resignación?¿Conformismo o sabiduría? Serían esos debates interminables. Abreviamos dicendo la palabra clave tan de moda en el deporte:
#Respect
He de reconocerlo. Soy un alma condenada…Pero hablábamos del cortometraje humanista: El evangelio de la servilleta.
La cena se ha quemado. Ocurre a diario. El trajín, recibir a los invitados, el trasiego de una de esas pérdidas que trastocan…así que hay que llamar para pedir la cena. Algo menos elaborado, menos típico, pero hay que improvisar y el vino necesita un poco de pared. En el impasse de la espera se cruzan sustanciales conversaciones y posicionamientos frente a la vida. Se hace visible una profunda humanidad en el punto paradójico en que los que peor están, tienen fuelle para animar a sus compañeros de la reunión. Y esa es la evidencia que nos aleja de Sartre y nos puede aproximar curiosamente a Sir Francis Bacon y sus premisas científicas, al punto de conciliarlas desde la magia de la trama con un hecho que lo cambia todo y convierte al propio Bacon en un puente factible con las premisas de la existencia de Dios según San Agustín.
El director nos plantea una pregunta con la que presenta el film: Cuando la respuesta puede venir antes de la pregunta.
Y la resuelve de forma muy satisfactoria.
¿Es la fe una convicción esquiva a la evidencia científica, una implementación sobrehumana, una llamada al infinito que de vez en cuando nos sorprende cumpliéndose?
Personalmente, hace tiempo que puse distancia con la religión católica, en la más pura premisa del cristiano practicante. Mis posicionamientos son más panteístas y veo otras formas de expresar los hechos atípicos y excepcionales, que en el ámbito de la propia religión católica se expresan como Milagro en el marco de la relación causal entre la forma de concurrir del individuo y su expresión colectiva como sociedad, en su interacción con el mundo físico y particularmente con la naturaleza, empezando por ese fenómeno físico y metafísico que son el cuerpo, el alma y las conexiones. Todo lo que escapa a la explicación científica, bendito sea, lo acepto y lo refrendo como milagro. ¿Es la santidad fortaleza o masoquismo elevado a valor?
Sin embargo, muy de poco en poco, ocurren cosas curiosas, hechos que al principio se presentan como golpes o infortunios categóricos. Tuve un susto esta semana en la persona de un familiar cercano.
El año pasado me tocó a mí la cruz y fue la fe en mí mismo y la fortaleza mental y física forjada por largos años la que me salvó, porque queda mal decir que me salvé yo mismo pero así fue. ¡Qué demonios! Esa persona iba a rezar por mí en la capilla del hospital cuando estaba ingresado y le pedí que no rezara por mí, porque si de los diagnósticos que salían de aquel despropósito dependía, a cual peor, sólo quedaba la consistencia interna y apartar de la mente esa tóxica frase de hágase tu voluntad, tan peligrosa, que de creerla con intensidad, podemos perder el fuero de control interno y depender demasiado de una dimensión divina que nos aparte de nuestros planes. Si los de Dios eran aceptación y entrega, decidí que voy a incordiar por largos más años y en eso estamos. ¿Qué le vamos a hacer? Soy rebelde por naturaleza. Por tanto la palabra fe no es exclusivamente confesional, sino la expresión superlativa de una creencia elevada al máximo nivel de convicción.
¿Pacté con el diablo? No, para nada, sencillamente establecí un nexo gestáltico profundo entre mi mente y voluntad concentrada en la reparación de esas partes de mi código que estaban averiadas y que se podían reparar de forma consciente.
No son pocas las personas que me han tachado de nietzscheriano. No las culpo. Es difícil aceptar que dónde los devotos se entregan a la voluntad de Dios, otros decidimos vivir un poco más y hacemos la nuestra. Y mira que lo he intentado con personas en situación delicada en el momento en que el factor que decide si se quedan o se van, depende de su determinación interna. No hay manera. Es como sostener de la mano a alguien al filo de un precipicio. Prefieren soltarse que luchar. El cielo espera. Es la voluntad de Dios. La fe les puede tanto, como el hecho de que ahora celebran la Navidad en las estrellas que cada noche contemplamos maravillados. Y es que somos parte de ellas, sólo que aquí, de paso, unos entregan la energía que poseen al infinito antes de hora porque vivir contra lo estipulado es pecado y otros la contenemos, la continuamos en forma de vida y de iniciativas. Un bonus que puede penalizarse socialmente como insolidario, pero en realidad nada de eso.
Cuando la fe es esencia crucial en el patrimnio espiritual de un ser querido.
Cuando se trata de un familiar que cree y que tiene un Cristo que la acompaña, el tema es distinto y extrapolar aquella fortaleza propia a su fe, puede crear un conflicto y tal vez uno deba saber apartar el propio sistema de fortalezas y creencias particulares, para ayudar de la forma que le pueda servir a esa persona más encomendada. Es una cuestión de respeto, como lo es que cada cual decida hasta qué punto, la voluntad de Dios es indiscutible y acepte con total libertad su destino en función de su credo. Me ha costado entenderlo, pero ya sí. Al final llegas a la conclusión de que puedes enseñar a alguien cómo vivir más allá de los umbrales estándar, pero no la puedes obligar. Los credos pesan tanto que condenan…pero…¿Y si el condenado se siente santificado? Ostras, es complicado, pero amar es respetar, por duro que resulte ver cómo alguien que podria vivir mejor cambiando cuatro resortes internos vive en la felicidad de la fe, entendiendo por tal a la fe confesional. En estos mundos o formas de comprender la realidad se puede morir en la gloria y vivir en ella, aunque suene a desdicha y se mire mal.
Ante los últimos acontecimientos busqué una negociación:
De acuerdo. No todas las personas tienen la misma fortaleza y resistencia, ni una consciencia casi maquinal en el control de cuerpo y mente. Para algunas personas existe la magia y en ese pack va la fe, que primero atiza y luego te da el regalo. Así que la dejo que rece, que yo, poco amigo de ofrecer la otra mejilla, me encargo de fortalecerla con los elementos mentales y terrenales que la mantendrán más tiempo por estos barrios. Así, aunque sea de forma engañosa, hackeamos al Altísimo y hacemos que la persona que se ha recuperado, siga pensando que ha sido Cristo quien la ayudado, pues le digan lo que le digan, es en quien quiere creer. A fin de cuentas lo que importa es el resultado. Nuestro ser amado sigue con nosotros. Religión: ¿Debilidad o fortaleza? He vivido los dos lados.
¿Soy un negacionista de los milagros?
Para nada, sencillamente mantengo una posición distante y no pierdo la oportunidad de maravillarme ante lo inusual. Tampoco soy amigo de Satán por vivir más allá de lo que las Escrituras han previsto para mí. Cuando competía tenía una gran fe. Remontaba lo irremontable, me serenaba y recuperaba tres minutos de desventaja y ganaba la carrera. La seguridad interna se suele confundir con la prepotencia y la arrogancia, porque es un ejercicio de desafío que arroja una imagen demasiado violenta para quienes el esfuerzo cuesta tanto que casi se prodiga como una cualidad antisocial. Cuando salí del hospital, amigos que venían a llorarme tuvieron serias dificultades para aceptarme durante un tiempo. Sus esquemas eran que un condenado a muerte por cáncer maligno tarde o temprano acabará bajo tierra. Y al poco, más fuerte que nunca y a día de hoy con una edad biológica muy por debajo de la cronológica, aquí seguimos incordiando por largo tiempo.
Romper umbrales. Cuesta esfuerzo y hasta suena perverso, pero depende de nosotros más de lo que se pueda pensar.
Se tachó Bertolotto, uno de los mayores divulgadores de la Gestalt, como sectario, cuando lo único que ha hecho, ha sido demostrar que tenemos un poder interno capaz de transformar y reescribir nuestro código fuente, superando a voluntad enfermedades de forma autónoma o incluso revirtiéndolas cuando están en proceso. Lo mismo el padre de la Epigenética, el doctor Burce H. Lipton con su obra: La biología de la creencia. ¿Fe o Sacrilegio?
La sociedad en general prefiere rezar y confiar en el milagro. Se sobreestima el alcance de la mala suerte y con esa magnificación que nos exime de culpa, tal vez juegue la falta de memoria.
Como siempre, lo que resulta antisocial es la diferencia entre la disciplina y el esfuerzo que representa otra forma de creer, que es en nosotros mismos y de la fe, en nuestras propias posibilidades, más allá de lo que la sociedad y quienes creen tener poder sobre nosotros, estiman es su diseño de nuestro propio rasero.
La fe son más que palabras, se dice en el film.
Al final, lo importante de la fuerza de la fe que obra un milagro a colación de un drama, esa consigna de vivir en eterno agradecimiento después de recibir la torta que se supone que tiene que enseñarte algo, es tener a alguien al mirar al cielo que otorgue ese fenómeno extraordinario de creer en lo increíble sin vivir condenados a explotar el máximo potencial de nuestras posibilidades, porque a esa cuota de gente obstinada que somos los perfeccionistas y los conscientes permanentes, nos son negadas las sorpresas y la oportunidad de maravillarnos, porque todo tiene una explicación. Una vida sin la magia de esperar puede parecer un infierno de soledad, pero no es así. Una vida de crear las propias oportunidades también tiene su magia. Más difícil de comprender, incluso de percibir y que se celebra en petit comité, incluso en soledad, pero no por ello, menos mágica.
Pacto de contingencia.
Si he de ser agradecido a Dios porque después del susto me la deja unos años más a mi vera, establezco un pacto de contingencia como observador, no sin ser duro e insistente a la hora de recomendarle a ella, mayores cauciones de cuidado, porque a la siguiente, si depende de la oración, una vez advertida por Él, no me tendrá a mí para rezar, porque Dios ha dado muestras continuadas de que en el mapa de los vivos, hace tiempo que no estoy en lista y a veces parece que eso le chirría un poco. Creo que en otro momento lo he dicho o lo diré, así que lo haré de otra manera. Si es paciente, igual consigue ese milagro el día de mi marcha, no sé, al fin y al cabo, eso de irse al patio de los callaos es un hecho científico que tiene más explicación en las filosofías del lejano Oriente, en el que si eres malote lo justo, vienes unas cuantas veces más, con oportunidades para mejorar, aunque con mejor aprovechamiento que el de Peter Proud, a ser posible.
Hasta la muerte se puede hackear y ese es el milagro para quienes no le tememos del todo.
Sabemos que acabará viniendo, pero puede esperar y podemos hacer voluntariamente que así sea. ¿Es la religión o la fe convencional el candado que bloquea la expansión del poder de la mente en todo su potencial? Siendo la fe un elemento determinante y la generosidad un valor imperturbable que busca más el resultado que la firma, Ella está bien, Cristo está bien y con el susto que se ha llevado, tiene su milagro, yo tengo a esa persona unos años más para disfrutar y…¡ qué cojones, es Navidad!
Un hogar a la mitad, una puerta abierta, la de Carmen. Siete personas desconocidas, siete vidas, una noche mágica…es, el evangelio de la servilleta. Un relato que premia a quienes siguen creyendo cuando creen apagada su luz.
En esta extraña y singular reunión, la fe se manifiesta de muy diferentes maneras: hay quienes la han perdido, los que la quieren conservar aunque conscienemente han renunciado a ella, los que le intentan buscar una explicación a su nueva situación personal y todas estas percepciones interactuan en un entorno acogedor y en un clima humano muy solidario.
Recibirán una visita misteriosa. Algún momento, la cena tiene que llegar…
¡Disfrútala! Al pie de este post puedes ver este bonito film. Emociónate desde el primer instante.
Mientras tanto, los que vivimos en el frío del racionalismo, celebramos los milagros ajenos de una forma generosamente comprensible. Tanto que es justo al revés de lo que ellos nos desean a nosotros, seres antinaturales y egoístas que solo pensamos en vivir y desafiamos a la voluntad de Dios. Algún día nos concililiaremos pero será a mi manera. Tan sólo es una posibilidad.
Dirige y produce: Óscar Parra de Carrizosa. (DEHON CINEMA INTERNATIONAL)
Al reparto: Isabel G. Escalonilla, Laura Lebó, José Luis Panero, Alberto Mazarro Bodega, Mario Pérez- Roldán, Alberto González, Alberto Ramos y Jasón Matilla.




28 diciembre, 2025 a las 11:47 pm
Maravilloso comentario, gracias señor Socias. Ha sido un verdadero gusto leerle.
30 diciembre, 2025 a las 6:19 pm
¡Un honor sincero, Doctor!
Gracias por venir a vernos
Feliz Año Nuevo.
En Semana Santa haremos un Especial Gemma Galgani, otro encomiable trabajo de Equipo que con gusto veré, disfrutaré y reseñaré para esta apreciada audiencia.